Pecanella o algo así, pero pecado

Ay, cuando vi esta receta. Me enamoré al instante. Supe que tenía que hacerla. Nueces pecanas en untable. ¿Con chocolate blanco, miso y pimentón? No tenía perdón en mi cocina. Salieron tres tarros pequeños (y menos mal), los cuales pensaba regalar, pero he cambiado de idea. Hala. Pa’ mí todos.

En las fotos veis unas galletas también. Porque cuando leí la receta pensé que esta pasta de pecanas quedaría estupenda al estilo galletas rellenas. Y estaban buenas. Pero es que untando esta pasta en un buen pan no tiene precio. Es exponencialmente mejor. El sabor tan especial que tiene queda perfecto en una rebanada de pan recién tostado. Y tomar el pan aún templado. Con un café al lado. O un té, pero últimamente estoy tomando más café.

Por lo demás, ando semi agobiada – cagadilla de miedo – no termino de asumir el fin de curso que está a la vuelta de la esquina y tampoco si me cunde el tiempo o no.

Así que, sin más dilación, os dejo con la receta. Bueno, antes os diré que me pasé un mes y pico buscándola en google sin éxito, hasta que volví a abrir la revista y tachán, ahí había estado todo el tiempo. Os recomiendo “la revista” si queréis ver fotos de comida menos ideales de la muerte de lo que estamos acostumbrados, mucho texto, buen diseño, poca publicidad y recetas curiosas cuanto menos. Me encanta Lucky Peach.

Pecanella o lo que sea

Fuente: Lucky Peach nº6. Receta de Courtney McBroom

Primera parte

240 gr de nueces pecanas

158 gr de sirope de arce

1 cucharadita de sal

1 pizca de pimienta cayena

Segunda parte

170 + 85 gr de chocolate blanco (en dos grupos separados)

110 gr de golden syrup (en la receta original ponía light corn syrup, pero como me dan un poco de miedo esos siropes, decidí usar mi viejo conocido, el golden)

320 gr de heavy cream (que es la nata con más grasa que seáis capaces de encontrar, yo usé del 48%, pero vale a partir del 35%, que suele ser la de montar)

1 cucharada y una cucharadita de miso claro

1 cucharadita de sal

Una pizca de pimentón ahumado (en mi caso, dulce, claro)

Pasos

1. Juntamos los ingredientes de la primera parte, los revolvemos todos bien en un bol y metemos al horno a 150ºC durante unos 20 – 25 minutos. A mitad de tiempo, remover la mezcla un poco en el horno. Las nueces deben de tener un color muy oscuro, color caoba.

2. Una vez asadas las nueces, se echa todo en un robot de cocina y se tritura hasta que resulte una mantequilla. Se reserva para luego.

3. Combinar los 170 gr de chocolate blanco con los demás ingredientes de la parte dos excepto la nata en una cazuela a fuego medio bajo. Se deja calentar, removiendo continuamente.

4. Una vez el chocolate se ha derretido, se sube el fuego a medio-un poco alto y se sigue removiendo hasta que la mezcla sea un pelín más oscura que el miso.

5. Se retira la cazuela del fuego y se incorpora la nata con la ayuda de unas varillas, y después el resto de chocolate blanco.

6. Se mezclan las dos partes y ¡ya tenemos la pecanella!

Yo corriendo los eché a botes de cristal esterilizados y les di la vuelta para que hiciesen vacío. De forma que se conservarán muy bien por un tiempo (espero que mucho).

-Próximamente… Las galletas-.

Borscht y últimas semanas de la temporada

Qué fuerte. Todo. No queda nada para que acabe el curso. Según el día me entra terror, emoción, una mezcla de ambas o un inmenso cansancio. Debe de ser la edad, lo del cansancio digo. Lo sorprendente es de lo del miedo. Quizás debería de repetirme el mantra de enero: Estoy aquí porque quiero, no porque me obliguen ni para sufrir. Hala, ya está. Nada mejor que recordar frases de autoterapia efectivas.

En cuanto al borscht, lo publico aunque ya estén empezando los calores, porque aunque en España ya haya un clima decente, aquí sigue engañando. Sale el sol pero hay que ir con abrigo. O no hay sol, pero un abrigo fino es suficiente. Mejor esto que el invierno, donde va a parar. Pero la cuestión es que da cocinar un buen borscht todavía. He pensado, mejor publicarlo ya que si no, voy a tener que guardarme las fotos para el invierno que viene.

Estoy muy contenta con el resultado, es prácticamente igual que las que tomábamos en Rusia, también mismo color. Estoy encantada. La receta la he sacado de un libro de cocina que me llevé de allí. Mi rusa favorita lo eligió conmigo y me dio el aprobado de buen libro ;-)

¡Hasta mezclado con la nata queda igual! (reservaos los comentarios del aspecto una mezclada la nata, lo sé). La prueba de que se parece al original: aquí, después de las fotos de la nieve.

Aunque es “feo”, me encanta el rosa escondido tras el naranja… Estoy fatal, lo sé.

Hablando de colores del borscht, no entiendo cómo hay a gente que se le queda un color fucsia o rosa fosforito al hacer esta sopa. Tengo una gran confusión con eso.

La sopa cunde, desde luego, lleva mucho alimento. Os la recomiendo para el próximo invierno. Aunque templada-fría está buena también (pero eso creo que ya es un gusto particular mío, lo de disfrutar de la comida fría, algo que desagrada a muchísima gente… debo de ser muy rara).

Receta de Borscht

Adaptada del Libro “Culinaria Russia” de Marion Trutter

Ingredientes

300 gr de cerdo cortado en dados pequeños

1 cebolla entera, pelada

3 zanahorias, peladas, una entera y dos picadas en tiras finas (o ralladas)

Perejil fresco, un ramillete (y otro para servir)

2 cucharadas de vinagre de Jerez

3 remolachas, cocidas, peladas y picadas en tiras finas

3 cucharadas de pulpa de pimiento choricero (había que usar tomate concentrado, pero no tenía en casa…)

2 pimientos verdes picados en tiras muy finos

2 tomates, cortados en rodajas finas

1 patata pelada y cortada en dados pequeños

250 gr de col lisa, picada en tiras muy finas

3 dientes de ajo pelados

1 hoja de laurel

50 gr de bacon

1 pastilla de caldo de verdura

sal, pimienta

Para servir: perejil y crema agria (yogur griego sin azucarar también puede ir bien)

Pasos

1. En una olla, preparar el caldo base con la zanahoria entera, la carne, la cebolla, sal y un ramillete de perejil. Hay que espumar bastante. Cuando la zanahoria esté blanda, se puede apagar el fuego. Se quitan las verduras y reservamos el caldo.

2. Salteamos la remolacha con un poco de aceite y la pulpa del pimiento / concentrado de tomate y el vinagre de Jerez y lo dejamos “sudar” durante unos 10 minutos.

3. Por separado, pasamos también por la sartén con aceite las otras dos zanahorias picadas y añadimos el pimiento y el tomate y dejamos que “suden” otros 10 minutos.

4. Añadimos la mezcla de zanahorias, pimientos y tomates al caldo base que esté a fuego medio.

5. Después añadimos también la remolacha al caldo.

6. Añadimos una hoja de laurel y la pastilla de caldo.

7. Picamos / trituramos o majamos el ajo con el bacon (yo lo hice con el molinillo del robot de cocina, pero se podría hacer en el mortero) y lo añadimos a la sopa.

8. A fuego medio, dejamos que hierva la sopa, corregimos de sal y pimienta y bajamos el fuego. Cocinamos la sopa durante 30 minutos.

A mí me gusta que repose un día. Para servir, se usa la crema agria o yogur griego, se pone en medio de la sopa una porción con un poco de perejil y cada comensal lo remueve a su gusto.

Es una sopa un poco laboriosa, no difícil, pero vale la pena. Como la volveré a hacer, trataré de abreviar un poco el método.

¡Que aproveche!

Carrot cake

Hace unos años publiqué esta receta de carrot cake, vuelvo a contárosla porque creo con los años he aprendido a hacerla mejor y además me gusta cómo han quedado estas fotos. Eso sí, este carrot cake esconde un casi desmayo. Estoy dando mini clases de cocina a un par de amigas y quise hacer esta receta. Solo tenía que rallar unos 3 kilos de zanahorias. A los dos kilos me entró un mareo… No sé si porque estaba cansada, o porque miraba demasiado fijamente a las zanahorias. Para que no me vuelva a pasar, he decidido obsequiarme con un robot de cocina ;-)

Hace unos meses decidí hacer caso a María en su comentario de la entrada del muesli y probar el aceite de girasol hecho con prensado frío (vamos, que fui a la tienda hippie, claro, fueron 4,5 € la botella de 1l, pensé que sería más caro). La cuestión es que este aceite ¡huele a pipas! Es increíble (a la par que preocupante) lo que puede cambiar un aceite de un procesado a otro…

La historia del aceite la cuento porque el primer carrot cake que hice fue con otro aceite, en la receta venía aceite de canola (que es lo mismo que colza… menudo trauma que tenemos en España con este tema). Por supuesto usé girasol procesado como toda la vida del señor. Sin embargo esta vez probé con el aceite de girasol hippie y aceite de oliva. Pude hacer tantas pruebas porque del mareo cancelé la clase…

Sin duda me quedo con la versión con aceite de oliva. Además esta vez osé a rellenar el bizcocho con un poco de queso philadelphia con miel y yogur. Lo más. Mirad que a palo seco está bueno, pero con el queso… ooooh.

Bueno, normalmente me excuso al principio de las entradas, hoy me ha dado por cambiar el orden. He tenido unas semanas de lo más productivas en cuanto a la escuela se refiere. Tanto, que me daba miedo ponerme a escribir y escapar de tanta concentración y productividad. Pero no os preocupéis, que ya se ha acabado, ya estoy por aquí :o) Que noooo, simplemente es que echaba de menos escribir por aquí y tengo tantas cosas que contar.

Por cierto que pasado mañana me voy a Madrid. La excusa para coger billetes: una despedida de soltera :-D Marta me lee y solo le diré que ¡¡nos lo vamos a pasar en grande seguro!! No voy a poder ver a muchas personas que siempre veo cuando voy, pero ya también sé que iré en verano. Más días, más tranquilidad y repitiendo viajecito por Francia. A la ida con una hermana y a la vuelta con Alguien. Qué ganas tengo de que lleguen esos días… En el fondo no queda tanto.

La receta, por cierto.

Carrot cake 

Adaptada de Wholegrain Baking

Ingredientes

4 huevos

1 1/2 cups de aceite de oliva

2 tsp extracto de vainilla (se puede sustituir por azúcar vainillado)

1,5 cup de azúcar moreno

2 cups de harina integral

1 1/2 tsp levadura

2 tsp gaseosa/bicarbonato

1 1/2 tsp de sal

1 1/2 tsp de nuez moscada

1 tsp canela en polvo

2 1/2 zanahorias picadas muy finas (cuanto más, mejor, yo lo ha hago con la trituradora)

1 lata de piña de 400 gr, escurrida y posteriormente triturada también y vuelta a escurrir

Pasos:

0. Precalentar horno a 180ºC + engrasar molde

1. Batir huevos

2. Añadir aceite

3. Añadir vainilla (si es el extracto) y azúcares: se obtendrá una masa liquida de color amarillento.

4. Por otro lado, se deben mezclar la harina, especias, sal, levadura y bicarbonatogaseosa en un bol y después añadir a la mezcla anterior.

5. Añadir la zanahoria

6. Añadir la piña

7. Meter al horno alrededor de 20 minutos, depende del horno. Estará hecho cuando salga limpio el palillo de prueba.

Se conserva muy bien en la nevera y también se congela muy bien.

Se puede hacer la crema de queso para cubrir: simplemente queso philadelphia y miel / sirope de ágave a gusto.

Sopa para Paula

Paula, este fin de semana he hecho una sopa espectacular. Mira qué pinta. No puedes decir que no te gusta. Probablemente si la probases estoy % convencida de que te gustaría. Hasta que supieras que está llena de pimientos. No he podido evitar acordarme de ti. Con todo el cariño para mi anti pimientos (sé que sois más en el club de Paula, y de vez en cuando me lo habéis comentado, pero ella es la abanderada en esta “guerra”).

Confesaré que no sólo son pimientos. También hay muchos tomates cherries. Este fin de semana fui al mercado e aproveché al máximo las tarifas barreñiles. Me llevé muuuchos pimientos de todos los colores, tomates cherries, berenjenas, batatas… Esta Semana Santa la he dedicado a descansar y desconectar. Eso significa: dormir, cocinar, estar tranquila (vale, y ver series) como vea esto un profesor me mataaaa, con todo lo que tengo que hacer. Sin grandes planes. Excepto el de ayer lunes, que Alguien y nos fuimos a Amsterdam a darnos un buen homenaje culinario y visitar el último día de la exhibición de Mike Kelley en el Stedelijk Museum :-D

Me cuesta llamar sopa a este tipo de “sopas”, para mí es más bien puré, pero como aquí ese concepto no es el mismo que el nuestro, la he empezado a traducir literalmente. Sopa de tomate y pimientos. A mí las sopas de pimientos se me hacen algo cansinas, como las de tomate (la cual por norma general me parece que es similar a tomar tomate frito a cucharadas). Esta, sin embargo, me encanta. Tiene ese equilibrio entre los dos sabores y sienta estupendamente. Para más inri, la he pasado por la batidora, pero no seriamente, es decir, que tiene tropezones, finos, pero muy agradables.

Os invito a que arriesguéis y probéis a hacerla, porque de verdad que sorprende. Además sé que por España no somos muy amigos de sopas que no sean caldos o de purés que no son purés del todo.

Receta de sopa de tomate – pimientos

La receta me la dijo hace un par de semanas una chica alemana de mi clase que es la mar de maja y vegetariana. Además me dijo que cumple con las normas de weight watchers. ¡Gracias Sarah! 

Ingredientes

Tomates -Tendría alrededor de un kilo, pero lo que tengáis irá bien- (yo tenía cherries, pero igual da si no lo son) picados “a lo basto” (véase que da igual que no sea finamente, que se partan un poco, yo los piqué estrenando mi nuevo robot de cocina)

Pimientos rojos -Tendría alrededor de 2 kilos, pero lo tengáis irá bien- (también tenía un par amarillos así que los eché también) también picados, siguiendo la misma directriz que con los tomates.

Caldo de verduras (de pastillaaaaaa, pecadoraaaaaa que soy).

Yogur / Nata agria (para servir)

Pasos

1. Se supone que se doran en la olla los pimientos con un poco de aceite, para que desprendan algo de sabor.

2. Yo fui a lo bruto y lo eché todo junto: con un poco de aceite. Rehogué 5 minutos todo junto con un pelín de aceite de oliva.

3. Cubrí las verduras de agua y eché una pastilla de caldo de verduras.

4. Lo dejé cocinar durante otros 10 – 15 minutos.

5. Lo trituré con la batidora y dejé a propósito grumos.

Me gusta servirlo con yogur, pero imagino que depende del gusto.

Queda alguna entrada de Rusia, pero ya he pensado que debía de enseñaros algo que salga de mi cocina :-P

¡Ánimo con la vuelta de Semana Santa!

Rusia #4 Camino a Izmaylovo y street food

Izmaylovo, ese lugar tan popular en las guías y al cual mi querida amiga Montse (ex ciudadana de Moscú) me decía que era obligatorio ir. Izmaylovo es una zona de Moscú que alberga uno de los mercados más famosos, tanto de antigüedades como de souvenirs, matrioshkas, etc. Decidimos ir a echar un vistazo, porque a la siguiente vez necesitaríamos a Antonio para que no nos timasen.

La cuestión es que ese día decidimos coger una parada de metro distinta a la habitual. La siguiente cuestión es que hicimos el camino contrario… Fue cuando nos encontramos un mercado de barrio al exterior, en el que vendían muchos encurtidos, quesos, pescados, dulces, algo de carne y fruta, pero sobretodo mucho encurtido. No tengo fotos porque solo por el hecho de pasear por allí, parecía que teníamos escrita en la frente la palabra “extranjeros”, las miradas eran muy obvias y curiosas.

Una vez descubrimos que habíamos llegado a una parada de metro inesperada, nos lo tomamos con filosofía y nos lanzamos a probar comida de los kioskos que había allí. Dos bollos / empanadillas. Menos de 1€ entre los dos, creo.

Los dos bollos tenían el mismo relleno, cebolla muy pochada con algo de carne. Algo salado. Pero nosotros encantados de probar. Eso sí, los del puesto nos miraban como si fuésemos marcianos. Por otro lado, creo que el hecho de que yo supiese decir las 4 palabras de cortesía en ruso, les confundía un poco más.

Total, que al fin cogimos el metro y nos fuimos dirección Izmaylovo. La cuestión es que mi guía estaba un pelín desactualizada y decía que había que bajarse en Izmaylovo Park. Mirad qué bonito era:

Sobretodo para esquiar, que era lo que hacían los viandantes allí. Nada de caminar por el bosque. Esquiar es mucho mejor. Estuvimos unos minutos, pero es una vista que posiblemente recuerde de por vida, el silencio, la nieve tan blanca, los árboles tan altos, apenas había nadie, daba la sensación de que aquel lugar tenía vida propia.

Cogimos el metro de nuevo y aparecimos en Izmaylovo. Creo que no se llama así la parada, pero es la siguiente al parque. El camino que veis en la foto de arriba estaba casi entero helado, así que, sorteando la muerte, llegamos al mercado. Para nuestra “suerte” estaba casi vacío… Así que dimos una vuelta y nos fuimos. Queríamos ir a una tienda en otro barrio, y al salir de ésta ya teníamos un poco de hambre. Así que preguntamos en la tienda por un sitio para comer y allí nos plantamos.

Por primera vez, el menú sólo estaba en ruso. No pasa nada, yo pedi los clásicos: borsch y ternera stroganoff.

Este borsch que veis, es el más pijo que tomé en Moscú, ese plato de diseño no es el típico en el que sirven la sopa. Eso sí, quería comentar una cosa sobre el borsch: NO es tan morado o rosa como mucha gente lo imagina. De hecho, es más bien rojizo, como el de la foto. Es una sopa con tropezones de ternera, remolacha y alguna otra verdura. El color siempre se aclara un poco (como a continuación) porque siempre se acompaña con smetana (la nata agria rusa), que veis el cuenco pequeño debajo del plato.  Definitivamente en cuanto pueda haré mi versión de borsch casero.

El siguiente plato es la ternera stroganoff. No es más que ternera salteada y servida con una salsa nata agria. De nuevo, es el stroganoff más pijo que he probado también. Normalmente no lo sirven tan mono. Aún siendo demasiado estético, estaba buenísimo. Otra cosa de los restaurantes rusos que debo destacar es que los camareros hacen muy muy bien su trabajo: son eficientes y amables. Qué más se puede pedir. No sé si es porque en Holanda se lo toman con demasiada calma, pero es algo que me impactó.

El plato de a continuación es el de Alguien, que decidió arriesgar, señalo un plato aleatorio en la carta y le sirvieron esta carne guisada. No está mal, ¿no? La verdad es que tiene un gracia eso de pedir de forma completamente libre. Le queríamos decir al camarero que nos trajese su plato favorito, pero el hombre no nos entendía. El veredicto de la carne fue bueno, pero le gustó más mi stroganoff ;-)

Ahí acabó nuestro día. Se me olvidaba decir que al lado del borsch y el stroganoff había muchos pañuelos usados. No de llorar, sino de un gran constipado. Me sentó fatal tenerme que ir a casa y no ir al Museo Tetryakov, pero ciertamente me di cuenta de que estaba forzando demasiado…

Os dejo con una foto de la hora punta de la tarde moscovita. Ya quedan pocas entradas más del viaje, ¡lo prometo!

¡Que tengáis una buena Semana Santa! Me han comentado que son unos 10 días por allí, ¿no? Qué envidia. Al menos mi semana será corta, viernes libre y lunes siguiente también. Menos mal.

Cadáveres Exquisitos

Hago una parada de la crónica de mi viaje a Rusia para publicar mi cadáver exquisito (si no conocéis el juego, podéis mirar aquí para más referencias y aquí para otras ediciones). Estoy encantada de participar este mes en este curioso juego organizado por Carlos de “No más tuppers de mamá”. Me hizo tanta ilusión que contase conmigo.

Carlos y yo tenemos muchas cosas en común: nos encanta Inglaterra y su comida (y no entendemos por qué se sigue diciendo que se come mal allí), nos encanta el idioma inglés y comer digo cocinar. La verdad es que no solo compartimos estos intereses si no que también tenemos un sentido del humor similar (bueno, creo que el mío es más absurdo…). Además los dos chinchamos a Paula con su aversión a los pimientos y planeamos una merienda los tres juntos en un futuro en un lugar aún sin definir.

Esta ronda de cadáveres exquisitos me recuerda como la novela de extraños en un tren. Ambos hemos acordados ejecutar un asesinato postre en dos lugares bien dispersos en el mapa: Barcelona y La Haya.

¿Cómo decidimos esta receta?

Carlos propuso los siguientes ingredientes: Plátano, chocolate y galleta.

Yo propuse estos otros: Vainilla, mascarpone y matcha. Elegí el matcha por mi devoción a la cultura japonesa. Mascarpone en honor a Carlos, ya que sé que sé que le gusta mucho. Por último, la vainilla como buen comodín.

Qué mejor con tanta disparidad de ingredientes que colocarlos todos en un trifle, ese postre inglés tan legendario. Seamos francos, no es un trifle demasiado auténtico porque 1) le falta la habitual capa de gelatina y 2) no tenía una fuente de trifle (llevo años deseando tener una…), pero bueno, la idea de hacer pisos de cosas dulces se mantiene.

El mascarpone fue el protagonista: le puse los sabores de vainilla, chocolate y matcha y los ingredientes restantes a bailar entre medias. El resultado fue bastante bueno.

Ingredientes para un trifle MUY generoso

500 gr de mascarpone

200 ml de nata líquida

3 o 4 cucharadas de yogur griego (opcionales)

1 vaina de vainilla

4 plátanos

Galletas de mantequilla (yo usé una bolsa de shortbread escoceses)

Matcha al gusto (hay que tener en cuenta que cuanto más se pone, más amarga, así que luego hay que corregir con azúcar)

3 cucharas de cacao en polvo

100 gr de chocolate negro derretido

Miel para endulzar la crema de mascarpone al gusto

Pasos

1. Batir brevemente la nata sin que llegue a montar, simplemente para que coja un poco de cuerpo.

2. Añadir el mascarpone poco a poco. Una vez esté incorporado, los dividimos en 3 y disponemos en 3 recipientes. Aquí vi que quizás me quedaba corta de mezcla y fue cuando eché el yogur. Depende del tamaño de vuestro recipiente. Endulzamos con miel al gusto.

3. Mezclamos sabores por cada recipiente:

- Para la vanilla: Abrimos una vaina de vainilla por la mitad y sacamos sus semillas. Las echamos en la mezcla de mascarpone.

- Para el chocolate: Echamos un par de cucharadas de cacao en polvo, que quede bien incorporada. Después, 100 gr de chocolate negro fundido.

- Para el matcha: No recuerdo cuánto eché, pero bastante. Y OJO, el matcha amarga si te pasas. No pasa nada porque todo se puede corregir con más miel / azúcar / edulcorante… Pero no os asustéis si de repente sabe muy amargo, corregid sin miedo. O simplemente echad menos y os quedará menos verde. Tampoco pasa nada.

4. Galletas: las corté por la mitad porque eran muy largas y mi recipiente muy pequeño. Después las coloqué alrededor de la base del recipiente. Las galletas restantes las desmenucé con las manos y son las migas que fueron a parar a la superfície del trifle.

5. Los plátanos los corté al final porque cogen un color feucho si están mucho al aire. Después de cortarlos en rodajas, repartí bastantes en la base del recipiente y los demás para el final.

6. Montaje:

- Base: Rodajas de plátanos. Alrededor: galletas.

- Capa 1: Masa de chocolate y mascarpone.

- Capa 2: Masa de matcha y mascarpone.

- Capa 3: Plátanos. Tanto encima de la masa anterior como adornando en los laterales del recipiente.

- Capa 4: Masa de vainilla y mascarpone.

- Capa 5: Migas de galleta. Le dan un toque crujiente que me gusta mucho.

7. Una vez listo, meter a la nevera unas horas para una mayor consistencia.

Servir frío. Y comer directamente de la fuente ;-)

Gracias Carlos, ha sido un placer.

Rusia #3 Cruzando ríos helados en San Petersburgo

Tan sólo fueron dos días en San Petersburgo, pero fueron intensos. Nuestro ruso favorito anda que se las pela para no perderse nada :-) La primera foto es del crucero de guerra Aurora. Resulta que este ¿barco? está allí para visitar, pero también tiene tripulación militar ACTIVA a bordo. Imaginaos, por si las moscas…

Nieve, nieve, más nieve. La tarde fue soleada y fría. Volviendo al título, lo que digo es cierto. El río Neva (foto siguiente y más adelante) estaba helado y la gente acortaba camino cruzándolo. Yo no quería, pero Alguien y Antonio “me obligaron”. No crujía al andar, pero la tensión de “y si esto se rompe, que hay mucha gente…” estaba ahí.

Después de mi gran hazaña (quizás es lo más similar a deportes de alto riesgo que he hecho), fuimos a comer. Entramos en un restaurante un poco al “tun-tun” y nos sorprendió gratamente.

Probé una de las sopas que ha pasado a favorita, llamada “Solyanka“. Es una sopa que lleva patata, limón, encurtidos, aceitunas y en mi caso, siempre la he tomado de carne. Pero por lo visto la de pescado es igualmente popular. Deliciosa, reconfortante. Perdón por las fotos, en wikipedia tienen más decentes… es que el hambre me pudo aquí :-P

También tomé trigo sarraceno con champiñones. Ambos ingredientes son muy populares en la cocina Rusa. Era un plato muy sencillo, pero rico y realmente agradecido en días de frío.

Aquí nuestro ruso favorito (¿habéis visto qué bien posa?) se pidió otra especialidad (más bien georgiana), que era un pincho de carne con un poco de ensalada y salsa. La verdad es que la carne estaba buena.

Y no podía dejarme los dos aperitivos estrella. A la izquierda… ¡lengua! de vaca. Sí, muy común allí, y a veces la acompañan de salsa de rábano. Admito que si no miras mucho la loncha de lengua (es realmente gráfica…), está buena y más con la salsa de rábanos.

A la derecha es otro descubrimiento: picatostes de pan de centeno fritos en mantequilla y ajo. Muy buenos. Sí, más sencillos imposible, pero vale la pena probarlos si estáis allí. El pan de centeno está muy bueno hecho de esta forma. También hacen una cerveza de este mismo pan (que nos perdimos…).

Y aquí tenéis la prueba del cruce del río (esa gente que se ve a lo lejos subiendo una cuesta, ¡¡lo que suben en realidad es el caudal del río!!)

No podía despedirme de San Petersburgo sin poner una foto de la plaza del Museo Hermitage. Impresionante todo, la plaza y el museo (por fuera y también por dentro…).
La siguiente de la serie ya será en Moscú…

Rusia #2 Merendando en San Petersburgo

Sigo con mi serie de entradas de Rusia. Llegamos a Moscú un viernes por la noche y a las pocas horas cogimos un tren de alta velocidad rusa a San Petersburgo. No, no está tan lejos, sólo son 4 horas de tren ;-)

En psicología tenemos una teoría llamada el efecto de primacía, que significa que lo primero que ves causa un efecto de primacía que hace que todo lo siguiente no sea tan bueno por comparación. Quizás me pasó eso con San Petersburgo y Moscú. Quizás es que San Petersburgo es más bonito o tiene más encanto. Quizás son diferentes y ya no sé con cual quedarme (bueno, sí…jajaja)

La primera foto es la catedral de la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada. Hastaluego con el titulito… Y no os perdáis la pasada de foto de wikipedia. La verdad es que el interior no estaba mal tampoco, me gusta mucho el estilo de iglesia ortodoxa y sus interiores.  Y luego están los techos, me encantan, de iglesias y no iglesias, pero en Rusia hay que mirar hacia arriba siempre, me pasé la semana fotografiando techos…

El frío. De nuevo, Imaginad el cambio tan brusco de temperaturas que tiene que haber para que ¡el agua se congele cayendo de un tubo! Me hubiera gustado ir fotografiando más ejemplos de estos tubos congelados, pero no pudo ser.

Tras un primer día sin parar por San Petersburgo y una comida que olvidé fotografiar, decidimos merendar algo. Escogimos un café en frente de la Catedral de Kazán (foto a continuación) que estaba dentro de una librería.

¿Sabíais que las cocinas en Rusia no cierran? No hay horarios definidos de comidas. Hablando con nuestra rusa favorita (la hermana de Antonio ;-)) nos dijo que no existen tradiciones diarias estilo “sentarse a cenar la familia completa”. Los trabajos tienen la prioridad.

Fue aquí donde tomé mis primeros blinis hechos en Rusia. Los primeros no hechos en Rusia fueron hechos por mi amigo Antonio, cuando nos visitó el año pasado. Como veis, los blinis parecen crepes, la única salvedad es que se hacen con harina de trigo sarraceno en lugar de harina de trigo común. ¿Las formas favoritas de acompañarlo? Smetana (nata agria rusa), leche condensada, frutos rojos, semillas de amapola, requesón ruso

Mis dos aburridos se pidieron bollería. Presentada muy bonita, eso sí.

Y los chocolates calientes. Allí gustan mucho. Tenían una página de la carta dedicada. El mío era de naranja con canela… Muy bueno.

Y Alguien con fresas y chocolate. Se me olvidó echar una foto al batido de frutos rojos de Antonio, nuestro ruso favorito :-)

Y aquí la merienda entera.

¡¡Espero que os haya gustado!! Más fotos en flickr.

Más Rusia aquí.

Rusia #1

¡¡Ya estoy de vuelta!! Os pongo unas fotos de Moscú de hace exactamente una semana. Fue un día glorioso: cielo azul y una temperatura más que agradable para el invierno ruso. La primera foto es la universidad de Moscú. En realidad se debe destacar que el edificio en sí pertenece a las “7 hermanas” de Stalin (en inglés se dice 7 sisters, pero wikipedia en castellano solo dice los 7 rascacielos). Esta zona no es especialmente turística, pero tuvimos la suerte de contar con guías rusos de lujo que nos enseñaron sus lugares favoritos.

Esta zona pasó a ser de mis preferidas del viaje. No sé si se aprecia suficientemente la inmensidad que caracteriza a Moscú. Aceras, calles, edificios, todo son espacios de dimensiones magnificadas.

Otra nota acerca de estas dos fotografías es que quizás el azul del cielo hace difícil apreciar el frío que hacía. Solo se puede imaginar una vez se ve a la madre e hija paseando con la capucha de pelo puesta (por si alguien no lo sabe, el pelo en las capuchas (sintético y/o natural) es un gran aislante).
Seguiré poniendo fotos del viaje brevemente por aquí, pero si queréis ver más, he creado un set de flickr que iré llenando a medida que me sea posible.

En cuanto a mi tipo de turismo favorito, la gastronomía rusa ha sido muy inspiradora para mí en este viaje. he vuelto con muchas ideas y sabores nuevos en mi repertorio (a pesar de que se nos quejaban de que no habíamos hecho más que empezar a conocer “un poco” de lo que se come allí… me lo creo, pero es que una semana no da para más)

El primer descubrimiento fue este: el творог, pronunciado algo así como /tvorog/. Para mí siempre será el “fuork”, no porque se entienda mejor (un ruso probablemente no entenderá que es eso, o váyase a saber qué significa en realidad…), sino por mi nula habilidad de pronunciarlo correctamente y el cachondeo correspondiente, claro. El творог es requesón (dicho de gente bilingüe ruso-castellano), aunque según wikipedia es queso quark, y en wikipedia viene una explicación de este snack pero de la versión báltica (¡Gracias Noema por el enlace!). No tengo ni idea de qué es exactamente, pero es un elemento base en la alimentación rusa y está bueno (lo cual es suficiente para mí).

Mi amigo Antonio desayuna творог cubierto de chocolate todas las mañanas. Nosotros tratamos de seguir su costumbre cuando estuvimos allí. Es muy cremoso y agradable, y lo mejor es que apenas es dulce, lo cual es perfecto para el chocolate que lo acompaña, ya que resulta ser una combinación nada empalagosa.

Parece ser que el творог no sólo se toma de esta forma, sino que se cocina de diversas formas, como tortitas, de relleno de blinis, incluso el mismo bombón que veis empanado y frito es muy común también por lo visto.

Me he traído varios творог. Unos se han quedado en la nevera y otros se los ha llevado Alguien a la oficina porque trabaja con rusos. Ha sido genial cuando Alguien me ha dicho que se han emocionado al ver el paquetito. Definitivamente tiene que ser algo muy ruso ;-)

ACTUALIZACIÓN Después de contar que me había traído творог a los bálticos (veáse: estona y dos lituanos) de mi clase, casi lloran de la emoción al recordar sus творог que ellos llaman kohuke sieriņš. Así que al día siguiente les llevé a ellos los que me quedaban en la nevera. Vi el éxtasis en sus ojos. Qué bonito es suscitar emociones con la comida.

El творог no solo se vende con chocolate, también se vende sin cobertura, con vainilla, con pasas, solo… Todos se encuentran en cualquier supermercado. He traído más, ya os los enseñaré.
Sin más, me despido por hoy. ¡Que tengáis un buen día!

Choux. Cadena de sentimientos amor-odio.

Queridos choux, os quiero dedicar un pequeño párrafo en mi humilde blog: Me encantais, pero me habéis puesto muy difícil vuestra existencia en mi cocina. Sin Alguien, no habríais sido nada más que un fracaso más que añadir en mi lista. Sin embargo, después de este domingo, os habéis ganado un hueco para siempre en nuestra cocina. Con mucho cariño, Ana.

Así, por las buenas y sin motivo aparente, Alguien me vino el viernes pasado emocionado diciendo que quería hacer profiteroles en el fin de semana. Me pidió que le diese una receta. Siempre que Alguien viene con cualquier pensamiento relacionado con la cocina y comer mi respuesta es sí. Me gusta que cocine (como a mí me gusta más, lo suelo hacer yo, pero eso no quite que me encante que cocine). Así que le busqué una receta. Aunque en mi cabeza todo el rato venía el siguiente pensamiento: “podía haber pensado en algo más fácil”.  Hace casi un año quise hacer los famosos choux y fue un fatal fracaso. Quedaban preciosos en el horno y al sacarlos se desinflaban.

Bien, pues se lo advertí a Alguien, “hazla, pero a mí no me salieron” (tampoco es que sea una experta, pero bueno). Así que se puso manos a la obra con su prima que se ha venido a pasar un mes con nosotros. Ella la salsa de chocolate y él la masa. Y yo, mientras, de asistente :-P

Llegó el momento de meterlos al horno y seguimos las intrucciones de Pierre Hermé en La Larousse de los postres. 15 minutos a 200ºC, los 10 últimos minutos con la puerta del horno entreabierta.

Parecía que estaban quedando bien, ¿verdad? Yo me estaba emocionando y mucho. Qué bonitos, qué color…

Hasta que pasan los 15 minutos, apagamos el horno y abrimos la puerta para que enfríen poco a poco (también indicado en la receta). Y…

¡se deshincharon! Qué rabia más horrible. Si no llega a ser por ellos, estos choux hubieran ido a la basura. Arg.

Sin embargo, Alguien y su prima se las ingeniaron para convencerme de comerlos aunque fuesen aplastados. Yo me enfadaba más por ello. Le pusieron una cama de nata y el chocolate por encima. Reconozco que la versión aplastada estaba buena también.

Y llega el momento de volver a probar con la tanda que quedaba sin hornear todavía (que si no llega a ser por ellos, yo hubiera tirado de la frustración). Contrastamos con más recetas y en otras se dejaban unos 30 minutos al horno. Así que probamos con 30 minutos.

Parece que funciona mejor. Mirad qué bonitos en el horno y ¡fuera del horno también! No pesan nada. Huecos por dentro y doraditos por fuera.

Qué emoción. ¡Se podían rellenar! Con cuidado, porque “revientan” si se rellena demasiado ;-P En la foto a continuación podéis ver la nata saliéndose un poquillo en el profiterol de abajo a la derecha…

Y ahora la foto del final: cuando nos lo zampamos.

Qué emoción. Empezó la tradición de los choux en mi casa.

Receta de masa choux para hacer profiteroles

Receta modificada de La Larousse de los postres

Ingredientes para 500 gr de masa (unos 25 – 30 choux)

- 80 ml de agua

- 100 ml de leche entera

- 4 gr de sal (una cucharadita de café)

- 75 gr de mantequilla

- 4 gr de azúcar (una cucharadita de café)

- 100 gr de harina tamizada

- 3 huevos (usó medianos)

Pasos

0. Precalentar el horno a 200ºC

1. Mezclar el agua, leche, sal y mantequilla en una olla y calentar en una olla, removiendo con una espátula (o cuchara, a poder ser de madera), hasta que hierva.

2. Añadir la harina de una vez y mezclar bien hasta que resulte una masa lisa y homogénea.

3. Cuando la masa se despegue de las paredes de la olla, se debe de seguir removiendo un par de minutos más para secarla un poco.

4. Pasar la masa a un bol y añadirle los huevos, uno a uno. Se sigue mezclando hasta que estén bien incorporados.

5. La masa está lista cuando al levantarla con la espátula cae “en forma de cinta”, como si fuese un lazo de tela.

6. Se mete la masa en la manga pastelera con una boquilla ancha (del 14 o 20 para medianos y grandes respectivamente). Yo he usado la boquilla más grande que tenía, pero no venía el tamaño que era… soy lo peor

7. Se forman los profiteroles con la manga: es hacer “bolas” del tamaño de una nuez, dejando espacio entre cada una.

8. Fase de horno: Se hornean durante 30 minutos (aunque creo que cada uno debe de ver qué tal se porta su horno). Los 5 primeros minutos el horno se queda cerrado, pero después se deja la puerta entreabierta hasta el final porque lo más importante de la masa choux es que se seque.

9. Una vez hayan pasado los 30 minutos, se apaga el horno, se abre la puerta y se sacan los choux a enfriar a temperatura ambiente.

10. ¡¡Ya se pueden rellenar!! Nosotros usamos nata montada. Lo normal es hacer agujeros en la base con la misma manga pastelera, pero no teníamos boquilla tan fina, así que hicimos el agujero con el mango de la cucharada de moka. Si se hacen dos agujeros, es incluso mejor, ya que el aire hace que la nata se pueda repartir mejor en el interior de los profiteroles.

11. Por último, la cobertura. Es simplemente chocolate con nata, un ganache. Se hierven 150 ml de nata (se puede hervir en el microondas) y después, se añaden 300 gr de chocolate muy picado y se remueven hasta que se derritan e incorporen. Se tiene que formar una pasta espesa deliciosa. Se echa con más o menos (en nuestro caso, menos) elegancia sobre los profiteroles.

12. Se comen. Templados, recién hechos, están estupendos. Aunque no les hago ningún asco a los fríos ;-)

Hala, una cruzada más recorrida.

Que sea leve la semana. ¡El viernes me voy a Rusiaaaaa! ¡Viva Rusia! :-D