Japón: Desayunos

Esta entrada sigue siendo programada, ya que espero estar en ¡Nueva York! Pero como tengo taaaantas cosas que contaros, he tratado de hacer lo máximo posible para no arrepentirme de no poder escribir cuando no tenga tiempo (futuro próximo).

En Japón fui feliz todas las mañanas. Lo repetía de forma constante, pero era completamente cierto. Todos los días probaba algo nuevo a la hora del desayuno. Sin buscar mucho, sin gran esfuerzo, podía combatir la rutina que tanto aborrezco en dicho momento del día. La verdad es que probé cosas buenísimas. Por desgracia, había momentos de mucho hambre, cansancio, olvidos… Y no siempre llevaba mi cámara cerca para inmortalizar todo cuanto probé. No obstante, pongo primero la que más me marcó:

¡EL BOLLO DE MELÓN!

Cuando vi el dibujo del melón (ya que el resto de escritos en el envase para mí son ininteligibles) me dije: “hay que probar esto”. Mis compañeros de viaje me miraban algo escépticos, pero para mí era uno de los mayores descubrimientos. Estaba convencida de que iba a estar malísimo, de que sería exageradamente artificial.

Lo cierto es que al abrir el envoltorio, el olor a melón es dulzón pero exacto al de melón Galia. Cuando lo muerdes…

La masa es increíblemente tierna… ¡el relleno estaba bueno, sabía a melón! Eran una sensación y sabor agradables a pesar de todo lo imaginado.

Reconozco que lo tomé en más de una ocasión (2), ¡pero es que valía mucho la pena!

Otro de los desayunos que tomé aquellos días fueron las tortitas rellenas de sirople de Maple:

Miento si no digo que pensaba que irían rellenos de azuki, pero la sorpresa fue muy grata. Me encantan las tortitas con sirope, así que me gustaron estas, más tarde las volví a encontrar de nuevo, pero en otro konbini. No estaban tan ricas, pero da igual, son tortitas y ¡siempre son bien recibidas!.

Ah, creo que lo he mencionado antes, pero en Japón en los konbini vendían también ¡huevos duros! (foto aquí) además con la yema muy cremosa… Sé que los huevos duros no es una comida que encante a todo el mundo (a mí sí). Sobretodo me sorprendió muchísimo, porque además se vendían en envases individuales. Tiempo después, leyendo este libro descubrí que tomar huevos duros como tentempié es muy habitual en Japón.

Probé muchas más cosas, por ejemplo, una caracola inolvidable de fresas con leche condensada (algún día juro que lo haré en casa), de la que por ejemplo no tengo recuerdo fotográfico porque acababa de bajar del Fuji y me moría… otro ejemplo fue una barra pequeña de pan recién horneada con trocitos de queso fundido y aún más pequeños de bacon, diferentes sandwiches, sushis, fideos, galletas (¡las de matcha!), bollitos al vapor de curry, bollitos al vapor con frutas… Todo en mi corazón. ¡Disculpadme que no esté todo capturado en imágenes!

Y para terminar, una pregunta: ¿qué opinión os merece mi amado bollo de melón?

:D