
Hoy lunes, inauguro una nueva serie de entradas: Take Away. Comida para llevar, algo muy habitual en mi vida además de la cocina casera. Reconozco que tengo cierto reparo a sacar la cámara en un restaurante o lugares donde venden comida. Lo he hecho varias veces, pero como soy tan pesada, me da apuro estar tanto tiempo sacando fotos (que si esta queda bien, que si esta no, que si el encuadre, la composición, la luz, blablabla…). Por lo que, cuando hago fotos en restaurantes pasa lo siguiente: me dan permiso (siempre pregunto) y hago un par con mucha prisa y apuro, compro / como, sonrío, doy las gracias y me largo. No me termino de sentir cómoda.
Sin embargo, no me importa coger cosas para llevar y hacerles una foto antes de que amigos, padres, hermanas o el mismo Alguien se lo lleven a la boca. Ejemplo, cuando vamos a un mercadillo de comida y cada uno se coge una cosa porque se muere de hambre. Ahí está Ana para decir: ¡¡¡¡Ehhhhh!!! Espera, que le voy a hacer una foto. Ojos en blanco del personal y respuesta: Joe, Ana, que tenemos hambre… date prisa… En estos caso, no sé por qué, no me da tanto apuro ;) Luego les digo: Huy, me ha quedado mal la foto… Ay, espera, espera, una mas… Joeeeeeeeeeee, Anaaaaaaaaaa, que me muero de hambre…
Ay, qué paciencia tienen los pobrecicos.
Es más fácil cuando me compro algo yo sola, claro. Ahí nadie se queja. Me puedo soportar a mí misma (de momento al menos). Imaginaos hasta que punto ahora cuando os cuente cómo fue mi primera visita a Harina.

Era un viernes con amenaza de lluvia. El autobús me dejó en Colón, como siempre. Mi pensamiento en ese momento fue el siguiente: Paso por el Delina’s y me cojo un sandwich rico o un wrap. Ni rastro de algo interesante en el Delina’s, las neveras estaban vacías. Perdón, corrijo, quedaban 3 sandwiches que nadie quería (jamón y queso), claro, eran más de las 16 horas un viernes. Mi dignidad gastronómica me impidió cogerlos aunque me moría de hambre en ese momento.
Por lo que, me puse a andar mientras chispeaba, crucé la esquina de Goya con Colón y entonces tuve un nuevo pensamiento: Voy a ir a Mallorca, ahí seguro que tienen algo bueno a estas horas. Total, que ya estaba en Jorge Juan subiendo, cuando el chispeo se hizo algo más intenso. Ya en Serrano, mientras miraba el escaparate de la tienda de Loewe, también noté que mi pelo se estaba empezando a mojar. Conclusión: Ana, ya no chispea, llueve. Es una lección aprendida de los ingleses: hasta el momento en el que pelo se te moja (i.e.: chorrea) no se denomina lluvia. El chispeo, ni leve ni intenso, merece un paraguas. La lluvia sí. Pero total, si en Madrid nunca llueve fuerte (#@*+^). Cogí un autobús pensando: Bueno, me deja en la puerta del Mallorca. Pies mojados. Otro pensamiento: Pero por mis narices como algo rico este viernes. Así soy yo. Bueno, pues por suerte me confundí y el autobús pasó de largo del Mallorca. F*ck. Acabé en la Puerta de Alcalá. Y la puerta del Harina enfrente de mis narices. Una provocación a la que no podía negarme, llevaba meses pensando en acercarme, pero nunca me daba tiempo. Me di una vuelta, miré todo, pregunté, y al fin, compré comida.
Como apreciaréis por la fotos, no comí nada allí. Después de pagar y charlar con la chica de la caja, me fui a casa, me sequé los piés (sí, también los piés, resulta que los zapatos esos que dejan respirar el aire también dejan que el agua llegue igual de bien…). Y no pude remediar captar, dentro de mi pesadez, el momento de probar las delicias de Harina.

Me compré sandwiches (mejores que los de las sobras del Delina’s dónde va a parar). Os cuento los sabores a continuación:
- El pan naranja es de tomate relleno de más tomate (triturado, poco para no pringar (¡bien!)) con jamón serrano (normalito de calidad, (¡mal!)). Una jamón algo más rico habría hecho de este sandwich maravillas.
- El pan amarillo no recuerdo de qué era, aunque sí recuerdo el relleno. Queso crema con una loncha generosa de salmón, más gruesa que los panes. Sin duda, el que más me gustó.
- El pan verde de espinacas, con pollo y curry. Me avisaron de que el pan estaba más inflado y húmedo por la salsa. Estaba bien, pero no me convenció.
- El pan marrón era con arándanos y estaba relleno de roast beef, mostaza y rúcula. Me encantó, después del de salmón, claro.
Pero no me iba a llevar sólo eso, cómo no.
¿Cómo no iba a llevarme postre? Si es que tienen una parte de la tienda completamente llena de tartas muy apetitosas…
Me llevé una porción de Carrot Cake. Un mini-punto menos para quien la empaquetó, porque se aplastó y pegó el frosting de la tarta al plástico. ¡Jo!
Estaba bastante buena a pesar de todo ;P
Por último, compré para desayunar unas cookies, que, por cierto son un poco caras, pero es que al tocarlas vi que estaban blanditas :D A parte de preciosamente bien envasadas. No vale la pena el dinero gastado. No, no.

Y ya, por fin, me comí los sandwiches y la tarta. No sin antes dejar el recibo de lo que me costó, para luego no equivocarme en cantidades.
Así fue.
He vuelto varias veces, y he probado más cosas: Su limonada, su terraza, las empanadas (una de queso con cebolla deliciosa), brownie. Cierto es que cuando hay más gente los camareros andan agobiados y tuve que esperar más para que me cobraran, y eso que no estaba en mesa esa vez. Mi próximo objetivo es ir a desayunar un sábado prontito allí :)
Cuando mi madre cuando lea esto, me va a llamar para darme una colleja telefónica…
¡Que sea leve el lunes!