
Una de las excursiones que hicimos estas Navidades fue a Bruselas. Mi madre tenía una necesidad vital e imperiosa de conocer esta ciudad, ninguno de nosotros entendía muy bien por qué :) pero bueno, decidimos darle el gusto, está a dos horas en tren de aquí y unos gofres navideños no vienen mal (ya, total, entrada en la dinámica del zampar en fiestas…). Bueno, gofres y cómo no, bombones.

Además os diré que la gente que conozco de aquí me confesaron que la gente se cruza a Bélgica a pasar el día y comer, las palabras textuales fueron: “es que en Bélgica se come estupendamente”. Bueno, esa discusión para otro día :P sólo soltaré la píldora siguiente: si en Bélgica se come tan estupendamente, ¿cómo se come en Francia? ;)

Confieso que no tengo fotos de todo lo que vimos. De hecho, nos encontramos con el mercadillo navideño de comida de Bruselas. No eran muchos puestos, pero tenían todo tipo de comidas deliciosas. Vale la pena. Lo sé, es para matarme, pero no tengo ni una sola foto y mirá que probé cosas… (al igual que me ha pasado con los gofres…).
Cómo no, para este viaje yo ya tenía hecho un pequeño checklist, no lo pude cumplir entero, pero me doy por satisfecha.
Había que pasear por la Rue au Beurre / Boterstraat (calle de la mantequilla en francés y flamenco, ¿no es genial?), que es una de las calles que derivan de la Grand Place. Esta calle tiene en su haber las chocolaterías belgas más conocidas. Recuerdo cómo en ese viaje con Alguien tuve un rato sola por allí y me vi todas las chocolaterías de los alrededores de La Grand Place.
Está la archiconocida chocolatería Leonidas (he visto tiendas suyas hasta en Japón):

La lujosa chocolatería J. Dandoy:

Cómo no, Godiva con un hueco privilegiado en plena Grand Place:

Un apunte breve acerca de Godiva. Mi padre siempre ha viajado bastante por trabajo. Pero recuerdo con muchísimo cariño las cajas que traía de Godiva cuando iba a Bélgica. Era pequeña, y cuando veía las cajas doradas con el lazo marrón, siempre pensaba que nos estaba trayendo los mejores bombones del mundo. Me parecía precioso abrir la caja y ver los bombones colocaditos todos, tan bonitos, tan buenísimos… Qué buenos estaban. Qué recuerdo tan bonito el momento de deshacer el lazo de la caja dorada de Godiva que traía mi padre.
Pero ya tenía claro que quería comprar chocolate en dos sitios específicos. ¿Cuáles?

Ahí es donde hace casi 4 años me compré exactamente la misma caja metálica que habéis visto al principio de la entrada.
Cuando estuve allí la vez anterior era el local menos masificado y con oferta más distinta de los de alrededor. Más pequeño, más familiar. Esta vez hasta me atreví a pedir permiso para hacer fotos dentro:

Estantes a un lado

Expositores al otro lado

Trufas y bombones

Y tabletas de chocolate a las que mi hermana mediana no se pudo resistir
La vez anterior que estuve compré bombones también. Pero lo que me encantó realmente fue la caja de trufas. Estaban todas deliciosas. No aptas para comer de una sentada, eso por supuesto. Me dosificaba, como mucho una por día y mi hermana mediana igual. Elegíamos cuidadosamente cuál comernos cada día, sabíamos cuál nos gustaba más a cada una y nos respetábamos las opciones ;) Esta vez, como vino ella, se llevó una también. Me resultó algo así como viajar en el tiempo, mismo sitio, misma disposición, mismos productos, pero una situación personal muy distinta y compañía muy querida también. Revivir recuerdos de una forma distinta a la vez anterior.
En cuanto a los sabores de las trufas, trataré de ir recordándolos y ponerlos en esta entrada o en twitter.

La segunda tienda de chocolates es de una marca de chocolates que también me trae muy buenos recuerdos. Así que cual abuela os contaré la historia: Allá por 2002, en 2º de carrera conocí a 3 chicas muy especiales. Nos llevábamos estupendamente (y así sigue siendo, 2011 – 2002 = 9 años, increíble, pero cierto). El primer trabajo en equipo en el que nos pusimos juntas fue en una asignatura con un profesor a cargo que le encantaba poner plazos bien justitos a trabajos de longitud bíblica. Para la primera entrega de prácticas acabamos durmiendo en casa de una de ellas, y resultó que su madre acababa de estar en un congreso en Bruselas y nos ofreció las mini chocolatinas que había traído de recuerdo:

Era una caja con todas las variedades. Pero yo me enamoré de este sabor, chocolate negro con té earl grey. El té es en hoja y le da un toque crujiente maravilloso. Casi olvido contar que acabamos con todas las chocolatinas que la madre de nuestra amiga nos ofreció tan cortésmente. La historia no acaba aquí, y es que olvidé la marca de estas chocolatinas hasta poco después de mudarme aquí. Estaba echando un ojo en una tienda de cosas de casa y comidas y vi barras de chocolate como las de la foto siguiente (aunque sólo vi la de speculoos (llamadas speculaas aquí):

Tenía que probar el sabor chocolate con speculaas, claro. Según vi el dibujo del logo, recordé que esa era la marca. Volví a la tienda a mirar más sabores, pero tenían muy poquita variedad. Así que era otra misión encontrar esta tienda cuando y coger las chocolatinas de té. Bueno, ya de paso me llevé una barrita de chocolate con caramel salé. Ah, también vi los sobrecitos de chocolate instantáneo de sabores y no pude resistirme…

Sabores: caramelo, avellana, canela y cacao puro
La verdad es que la marca es muy asequible de precio. Las mini chocolatinas de té estaban a 0,35€, vendían varios sabores sueltos. Había cajitas también, pero sólo quería de sabor a té y las variedades de speculoos y caramel salé tampoco las tenían en mini chocolatinas.
Por supuesto el que la marca se llame Café – Tasse implica que venden café también tanto para hacer en casa como para tomar allí. No pude probarlo. Fui a otro sitio a tomar café.
Ya, por último, ahora que hablamos de chocolates belgas, tengo una amiga belga suelta por China ahora mismo que conocí también estudiando la carrera. Cuando nos quería endulzar la vida y tener algún detalle belga, siempre nos compraba tabletas de chocolate de Côte d’Or, ensalzando los chocolates belgas. Y por cierto, también mencionaba bastante la chocolatería Leonidas. Ahora veo Côte d’Or en el supermercado constantemente y me acuerdo mucho de ella.

Un lado de La Grand Place
Y ahí acaba mi crónica chocolatera de Bruselas. Espero que os haya gustado. ¿Alguien ha probado las trufas de Elisabeth? ¿Alguien tiene alguna chocolatería belga predilecta?
P.S.: Estoy por dejar el viernes de descanso porque os he colado dos entradas kilométricas esta semana ;) ¡Gracias a quien haya llegado a leer hasta aquí!