Sigo viva y Marlenka

Vaya ausencia por aquí. Empecé el año con tantas ganas… Y se las quedó todas la escuela. En el buen sentido, claro está. Sorprendentemente saqué buenas notas en los exámenes y me animé a darme más caña en este nuevo semestre. De ahí a que no haya sido capaz de publicar nada por aquí. Estos últimos meses la cosa ha mejorado más si cabe, tengo una asignatura de bellas artes que estoy segura que dentro de poco la maldeciré en vez de venerarla como hago ahora. También tengo un día para mi propio proyecto, que no es otro que diseñar platos (qué ilusión me hace) en un programa 3D (este, aprender a usarlo lleva su tiempo), y también fotografía dentro de poco (más ilusión). Además tenemos clases de escritura (y seguimos con la ilusión), clases de architectura y ya, por qué no, en otra clase vamos a hacer una obra de teatro interactiva (no clásica, o como hace poco me dijo el padre de Alguien, de estilo transgresor jaja, se parecerá un poco a este estilo, una locura y encima me tienen a mí escribiendo parte del guión, os dejo que os riáis).

Por otro lado, mi hermana pequeña se ha venido a vivir a Holanda. Soy muy feliz teniéndola cerca de mí, aunque me falte mi otra hermana cerca (que eso ya sería la repanocha). Además desde que empezó el año, también he conocido mucha gente nueva, y eso ha significado que hemos organizado varios festejos en casa.

Además, ahora es cuando empieza la mejor parte del año en Holanda y todo se anima: hace sol y se puede ir a la playa con Guzmán sin congerlarse uno, se pueden dar paseos más largos a la luz del día, se empiezan a organizar todo tipo de saraos (este y este, por ejemplo, con los que estoy encantada), y, aunque lo siguiente que voy a decir no suma en positivo, tengo los exámenes finales en junio y tengo que trabajar todavía más.

Pero todo lo que estoy haciendo me gusta. Aunque a veces hago tantas cosas que no me entero de todo lo que hago ni me doy cuenta de disfrutarlo todo lo quiero. ¿Tiene esto algún sentido lo que acabo de decir?

Ahora vamos a por lo que normalmente trata este blog, mis condumios. Hice hace ya un tiempo un par de bizcochos que tenía muuuuchísimas ganas de publicar, especialmente uno de té y frutas escarchadas (está aquí). Vendrá la receta pronto, espero. Pero como hoy he contado mucho rollo, os enseño algo más rápido: las Marlenka, mi nuevo descubrimiento del fin de semana pasado.

Invitamos a unos amigos armenios a comer a casa. El menú: albóndigas, ensalada, huevos rellenos y salmorejo. Ellos trajeron estos pseudo bombones. Nos dijeron: ¿conoceís los Marlenka? Tuvimos la sensación de que estábamos casi obligados a decir que sí, porque sonaba como si este dulce fuera muy famoso. Por lo visto lo es. Los hace una empresa checa de dueño armenio. Por lo visto estos bombones están siendo un éxito por allí (ahora también en mi casa).

A primera vista no tienen mala pinta, pero tampoco espectacular. Por el aspecto, parecen trufas, hasta que lo muerdes. Ahí viene lo bueno: ¡Es un bizcocho de chocolate! Es blandito y está relleno de una crema de leche condensada. Lo curioso es que no está empalagoso, es dulce, pero en su justa medida.

Es adictivo también.

Con un café al lado es maravishoso

¡Hasta pronto!

Regalitos gastronómicos #15 Gominolas surrealistas

Qué de tiempo sin publicar nada con esta categoría… No es que no haya recibido ninguno, pero es verdad que se me ha pasado enseñarlos :-P

Una compañera de mi clase es de Hong Kong, y siempre que puede me enseña cosas que le gustan de allí que encuentra por aquí. La semana pasada me vino con estas chucherías. Es chocante, ¿una gominola de maíz? Jamás nunca hubiese yo pensado que pudiese existir semejante dulce.

A pesar de tener plena conciencia de que es producto 100% de laboratorio, es increíble que de verdad sepa a maíz (qué miedo, ¿no?).

Cuidado, porque crea adicción…

Que sea leve la semana… Yo estoy tan contenta porque 1) el martes me voy “de excursión” al estudio de fotografía de una profesora en Amsterdam, 2) después iré a la exposición de Pixar (¡al fin!) también en la misma ciudad y 3) a la semana siguiente ¡tengo vacaciones! :-D

Borscht y últimas semanas de la temporada

Qué fuerte. Todo. No queda nada para que acabe el curso. Según el día me entra terror, emoción, una mezcla de ambas o un inmenso cansancio. Debe de ser la edad, lo del cansancio digo. Lo sorprendente es de lo del miedo. Quizás debería de repetirme el mantra de enero: Estoy aquí porque quiero, no porque me obliguen ni para sufrir. Hala, ya está. Nada mejor que recordar frases de autoterapia efectivas.

En cuanto al borscht, lo publico aunque ya estén empezando los calores, porque aunque en España ya haya un clima decente, aquí sigue engañando. Sale el sol pero hay que ir con abrigo. O no hay sol, pero un abrigo fino es suficiente. Mejor esto que el invierno, donde va a parar. Pero la cuestión es que da cocinar un buen borscht todavía. He pensado, mejor publicarlo ya que si no, voy a tener que guardarme las fotos para el invierno que viene.

Estoy muy contenta con el resultado, es prácticamente igual que las que tomábamos en Rusia, también mismo color. Estoy encantada. La receta la he sacado de un libro de cocina que me llevé de allí. Mi rusa favorita lo eligió conmigo y me dio el aprobado de buen libro ;-)

¡Hasta mezclado con la nata queda igual! (reservaos los comentarios del aspecto una mezclada la nata, lo sé). La prueba de que se parece al original: aquí, después de las fotos de la nieve.

Aunque es “feo”, me encanta el rosa escondido tras el naranja… Estoy fatal, lo sé.

Hablando de colores del borscht, no entiendo cómo hay a gente que se le queda un color fucsia o rosa fosforito al hacer esta sopa. Tengo una gran confusión con eso.

La sopa cunde, desde luego, lleva mucho alimento. Os la recomiendo para el próximo invierno. Aunque templada-fría está buena también (pero eso creo que ya es un gusto particular mío, lo de disfrutar de la comida fría, algo que desagrada a muchísima gente… debo de ser muy rara).

Receta de Borscht

Adaptada del Libro “Culinaria Russia” de Marion Trutter

Ingredientes

300 gr de cerdo cortado en dados pequeños

1 cebolla entera, pelada

3 zanahorias, peladas, una entera y dos picadas en tiras finas (o ralladas)

Perejil fresco, un ramillete (y otro para servir)

2 cucharadas de vinagre de Jerez

3 remolachas, cocidas, peladas y picadas en tiras finas

3 cucharadas de pulpa de pimiento choricero (había que usar tomate concentrado, pero no tenía en casa…)

2 pimientos verdes picados en tiras muy finos

2 tomates, cortados en rodajas finas

1 patata pelada y cortada en dados pequeños

250 gr de col lisa, picada en tiras muy finas

3 dientes de ajo pelados

1 hoja de laurel

50 gr de bacon

1 pastilla de caldo de verdura

sal, pimienta

Para servir: perejil y crema agria (yogur griego sin azucarar también puede ir bien)

Pasos

1. En una olla, preparar el caldo base con la zanahoria entera, la carne, la cebolla, sal y un ramillete de perejil. Hay que espumar bastante. Cuando la zanahoria esté blanda, se puede apagar el fuego. Se quitan las verduras y reservamos el caldo.

2. Salteamos la remolacha con un poco de aceite y la pulpa del pimiento / concentrado de tomate y el vinagre de Jerez y lo dejamos “sudar” durante unos 10 minutos.

3. Por separado, pasamos también por la sartén con aceite las otras dos zanahorias picadas y añadimos el pimiento y el tomate y dejamos que “suden” otros 10 minutos.

4. Añadimos la mezcla de zanahorias, pimientos y tomates al caldo base que esté a fuego medio.

5. Después añadimos también la remolacha al caldo.

6. Añadimos una hoja de laurel y la pastilla de caldo.

7. Picamos / trituramos o majamos el ajo con el bacon (yo lo hice con el molinillo del robot de cocina, pero se podría hacer en el mortero) y lo añadimos a la sopa.

8. A fuego medio, dejamos que hierva la sopa, corregimos de sal y pimienta y bajamos el fuego. Cocinamos la sopa durante 30 minutos.

A mí me gusta que repose un día. Para servir, se usa la crema agria o yogur griego, se pone en medio de la sopa una porción con un poco de perejil y cada comensal lo remueve a su gusto.

Es una sopa un poco laboriosa, no difícil, pero vale la pena. Como la volveré a hacer, trataré de abreviar un poco el método.

¡Que aproveche!

Rusia #4 Camino a Izmaylovo y street food

Izmaylovo, ese lugar tan popular en las guías y al cual mi querida amiga Montse (ex ciudadana de Moscú) me decía que era obligatorio ir. Izmaylovo es una zona de Moscú que alberga uno de los mercados más famosos, tanto de antigüedades como de souvenirs, matrioshkas, etc. Decidimos ir a echar un vistazo, porque a la siguiente vez necesitaríamos a Antonio para que no nos timasen.

La cuestión es que ese día decidimos coger una parada de metro distinta a la habitual. La siguiente cuestión es que hicimos el camino contrario… Fue cuando nos encontramos un mercado de barrio al exterior, en el que vendían muchos encurtidos, quesos, pescados, dulces, algo de carne y fruta, pero sobretodo mucho encurtido. No tengo fotos porque solo por el hecho de pasear por allí, parecía que teníamos escrita en la frente la palabra “extranjeros”, las miradas eran muy obvias y curiosas.

Una vez descubrimos que habíamos llegado a una parada de metro inesperada, nos lo tomamos con filosofía y nos lanzamos a probar comida de los kioskos que había allí. Dos bollos / empanadillas. Menos de 1€ entre los dos, creo.

Los dos bollos tenían el mismo relleno, cebolla muy pochada con algo de carne. Algo salado. Pero nosotros encantados de probar. Eso sí, los del puesto nos miraban como si fuésemos marcianos. Por otro lado, creo que el hecho de que yo supiese decir las 4 palabras de cortesía en ruso, les confundía un poco más.

Total, que al fin cogimos el metro y nos fuimos dirección Izmaylovo. La cuestión es que mi guía estaba un pelín desactualizada y decía que había que bajarse en Izmaylovo Park. Mirad qué bonito era:

Sobretodo para esquiar, que era lo que hacían los viandantes allí. Nada de caminar por el bosque. Esquiar es mucho mejor. Estuvimos unos minutos, pero es una vista que posiblemente recuerde de por vida, el silencio, la nieve tan blanca, los árboles tan altos, apenas había nadie, daba la sensación de que aquel lugar tenía vida propia.

Cogimos el metro de nuevo y aparecimos en Izmaylovo. Creo que no se llama así la parada, pero es la siguiente al parque. El camino que veis en la foto de arriba estaba casi entero helado, así que, sorteando la muerte, llegamos al mercado. Para nuestra “suerte” estaba casi vacío… Así que dimos una vuelta y nos fuimos. Queríamos ir a una tienda en otro barrio, y al salir de ésta ya teníamos un poco de hambre. Así que preguntamos en la tienda por un sitio para comer y allí nos plantamos.

Por primera vez, el menú sólo estaba en ruso. No pasa nada, yo pedi los clásicos: borsch y ternera stroganoff.

Este borsch que veis, es el más pijo que tomé en Moscú, ese plato de diseño no es el típico en el que sirven la sopa. Eso sí, quería comentar una cosa sobre el borsch: NO es tan morado o rosa como mucha gente lo imagina. De hecho, es más bien rojizo, como el de la foto. Es una sopa con tropezones de ternera, remolacha y alguna otra verdura. El color siempre se aclara un poco (como a continuación) porque siempre se acompaña con smetana (la nata agria rusa), que veis el cuenco pequeño debajo del plato.  Definitivamente en cuanto pueda haré mi versión de borsch casero.

El siguiente plato es la ternera stroganoff. No es más que ternera salteada y servida con una salsa nata agria. De nuevo, es el stroganoff más pijo que he probado también. Normalmente no lo sirven tan mono. Aún siendo demasiado estético, estaba buenísimo. Otra cosa de los restaurantes rusos que debo destacar es que los camareros hacen muy muy bien su trabajo: son eficientes y amables. Qué más se puede pedir. No sé si es porque en Holanda se lo toman con demasiada calma, pero es algo que me impactó.

El plato de a continuación es el de Alguien, que decidió arriesgar, señalo un plato aleatorio en la carta y le sirvieron esta carne guisada. No está mal, ¿no? La verdad es que tiene un gracia eso de pedir de forma completamente libre. Le queríamos decir al camarero que nos trajese su plato favorito, pero el hombre no nos entendía. El veredicto de la carne fue bueno, pero le gustó más mi stroganoff ;-)

Ahí acabó nuestro día. Se me olvidaba decir que al lado del borsch y el stroganoff había muchos pañuelos usados. No de llorar, sino de un gran constipado. Me sentó fatal tenerme que ir a casa y no ir al Museo Tetryakov, pero ciertamente me di cuenta de que estaba forzando demasiado…

Os dejo con una foto de la hora punta de la tarde moscovita. Ya quedan pocas entradas más del viaje, ¡lo prometo!

¡Que tengáis una buena Semana Santa! Me han comentado que son unos 10 días por allí, ¿no? Qué envidia. Al menos mi semana será corta, viernes libre y lunes siguiente también. Menos mal.

Rusia #3 Cruzando ríos helados en San Petersburgo

Tan sólo fueron dos días en San Petersburgo, pero fueron intensos. Nuestro ruso favorito anda que se las pela para no perderse nada :-) La primera foto es del crucero de guerra Aurora. Resulta que este ¿barco? está allí para visitar, pero también tiene tripulación militar ACTIVA a bordo. Imaginaos, por si las moscas…

Nieve, nieve, más nieve. La tarde fue soleada y fría. Volviendo al título, lo que digo es cierto. El río Neva (foto siguiente y más adelante) estaba helado y la gente acortaba camino cruzándolo. Yo no quería, pero Alguien y Antonio “me obligaron”. No crujía al andar, pero la tensión de “y si esto se rompe, que hay mucha gente…” estaba ahí.

Después de mi gran hazaña (quizás es lo más similar a deportes de alto riesgo que he hecho), fuimos a comer. Entramos en un restaurante un poco al “tun-tun” y nos sorprendió gratamente.

Probé una de las sopas que ha pasado a favorita, llamada “Solyanka“. Es una sopa que lleva patata, limón, encurtidos, aceitunas y en mi caso, siempre la he tomado de carne. Pero por lo visto la de pescado es igualmente popular. Deliciosa, reconfortante. Perdón por las fotos, en wikipedia tienen más decentes… es que el hambre me pudo aquí :-P

También tomé trigo sarraceno con champiñones. Ambos ingredientes son muy populares en la cocina Rusa. Era un plato muy sencillo, pero rico y realmente agradecido en días de frío.

Aquí nuestro ruso favorito (¿habéis visto qué bien posa?) se pidió otra especialidad (más bien georgiana), que era un pincho de carne con un poco de ensalada y salsa. La verdad es que la carne estaba buena.

Y no podía dejarme los dos aperitivos estrella. A la izquierda… ¡lengua! de vaca. Sí, muy común allí, y a veces la acompañan de salsa de rábano. Admito que si no miras mucho la loncha de lengua (es realmente gráfica…), está buena y más con la salsa de rábanos.

A la derecha es otro descubrimiento: picatostes de pan de centeno fritos en mantequilla y ajo. Muy buenos. Sí, más sencillos imposible, pero vale la pena probarlos si estáis allí. El pan de centeno está muy bueno hecho de esta forma. También hacen una cerveza de este mismo pan (que nos perdimos…).

Y aquí tenéis la prueba del cruce del río (esa gente que se ve a lo lejos subiendo una cuesta, ¡¡lo que suben en realidad es el caudal del río!!)

No podía despedirme de San Petersburgo sin poner una foto de la plaza del Museo Hermitage. Impresionante todo, la plaza y el museo (por fuera y también por dentro…).
La siguiente de la serie ya será en Moscú…

Rusia #2 Merendando en San Petersburgo

Sigo con mi serie de entradas de Rusia. Llegamos a Moscú un viernes por la noche y a las pocas horas cogimos un tren de alta velocidad rusa a San Petersburgo. No, no está tan lejos, sólo son 4 horas de tren ;-)

En psicología tenemos una teoría llamada el efecto de primacía, que significa que lo primero que ves causa un efecto de primacía que hace que todo lo siguiente no sea tan bueno por comparación. Quizás me pasó eso con San Petersburgo y Moscú. Quizás es que San Petersburgo es más bonito o tiene más encanto. Quizás son diferentes y ya no sé con cual quedarme (bueno, sí…jajaja)

La primera foto es la catedral de la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada. Hastaluego con el titulito… Y no os perdáis la pasada de foto de wikipedia. La verdad es que el interior no estaba mal tampoco, me gusta mucho el estilo de iglesia ortodoxa y sus interiores.  Y luego están los techos, me encantan, de iglesias y no iglesias, pero en Rusia hay que mirar hacia arriba siempre, me pasé la semana fotografiando techos…

El frío. De nuevo, Imaginad el cambio tan brusco de temperaturas que tiene que haber para que ¡el agua se congele cayendo de un tubo! Me hubiera gustado ir fotografiando más ejemplos de estos tubos congelados, pero no pudo ser.

Tras un primer día sin parar por San Petersburgo y una comida que olvidé fotografiar, decidimos merendar algo. Escogimos un café en frente de la Catedral de Kazán (foto a continuación) que estaba dentro de una librería.

¿Sabíais que las cocinas en Rusia no cierran? No hay horarios definidos de comidas. Hablando con nuestra rusa favorita (la hermana de Antonio ;-)) nos dijo que no existen tradiciones diarias estilo “sentarse a cenar la familia completa”. Los trabajos tienen la prioridad.

Fue aquí donde tomé mis primeros blinis hechos en Rusia. Los primeros no hechos en Rusia fueron hechos por mi amigo Antonio, cuando nos visitó el año pasado. Como veis, los blinis parecen crepes, la única salvedad es que se hacen con harina de trigo sarraceno en lugar de harina de trigo común. ¿Las formas favoritas de acompañarlo? Smetana (nata agria rusa), leche condensada, frutos rojos, semillas de amapola, requesón ruso

Mis dos aburridos se pidieron bollería. Presentada muy bonita, eso sí.

Y los chocolates calientes. Allí gustan mucho. Tenían una página de la carta dedicada. El mío era de naranja con canela… Muy bueno.

Y Alguien con fresas y chocolate. Se me olvidó echar una foto al batido de frutos rojos de Antonio, nuestro ruso favorito :-)

Y aquí la merienda entera.

¡¡Espero que os haya gustado!! Más fotos en flickr.

Más Rusia aquí.

Rusia #1

¡¡Ya estoy de vuelta!! Os pongo unas fotos de Moscú de hace exactamente una semana. Fue un día glorioso: cielo azul y una temperatura más que agradable para el invierno ruso. La primera foto es la universidad de Moscú. En realidad se debe destacar que el edificio en sí pertenece a las “7 hermanas” de Stalin (en inglés se dice 7 sisters, pero wikipedia en castellano solo dice los 7 rascacielos). Esta zona no es especialmente turística, pero tuvimos la suerte de contar con guías rusos de lujo que nos enseñaron sus lugares favoritos.

Esta zona pasó a ser de mis preferidas del viaje. No sé si se aprecia suficientemente la inmensidad que caracteriza a Moscú. Aceras, calles, edificios, todo son espacios de dimensiones magnificadas.

Otra nota acerca de estas dos fotografías es que quizás el azul del cielo hace difícil apreciar el frío que hacía. Solo se puede imaginar una vez se ve a la madre e hija paseando con la capucha de pelo puesta (por si alguien no lo sabe, el pelo en las capuchas (sintético y/o natural) es un gran aislante).
Seguiré poniendo fotos del viaje brevemente por aquí, pero si queréis ver más, he creado un set de flickr que iré llenando a medida que me sea posible.

En cuanto a mi tipo de turismo favorito, la gastronomía rusa ha sido muy inspiradora para mí en este viaje. he vuelto con muchas ideas y sabores nuevos en mi repertorio (a pesar de que se nos quejaban de que no habíamos hecho más que empezar a conocer “un poco” de lo que se come allí… me lo creo, pero es que una semana no da para más)

El primer descubrimiento fue este: el творог, pronunciado algo así como /tvorog/. Para mí siempre será el “fuork”, no porque se entienda mejor (un ruso probablemente no entenderá que es eso, o váyase a saber qué significa en realidad…), sino por mi nula habilidad de pronunciarlo correctamente y el cachondeo correspondiente, claro. El творог es requesón (dicho de gente bilingüe ruso-castellano), aunque según wikipedia es queso quark, y en wikipedia viene una explicación de este snack pero de la versión báltica (¡Gracias Noema por el enlace!). No tengo ni idea de qué es exactamente, pero es un elemento base en la alimentación rusa y está bueno (lo cual es suficiente para mí).

Mi amigo Antonio desayuna творог cubierto de chocolate todas las mañanas. Nosotros tratamos de seguir su costumbre cuando estuvimos allí. Es muy cremoso y agradable, y lo mejor es que apenas es dulce, lo cual es perfecto para el chocolate que lo acompaña, ya que resulta ser una combinación nada empalagosa.

Parece ser que el творог no sólo se toma de esta forma, sino que se cocina de diversas formas, como tortitas, de relleno de blinis, incluso el mismo bombón que veis empanado y frito es muy común también por lo visto.

Me he traído varios творог. Unos se han quedado en la nevera y otros se los ha llevado Alguien a la oficina porque trabaja con rusos. Ha sido genial cuando Alguien me ha dicho que se han emocionado al ver el paquetito. Definitivamente tiene que ser algo muy ruso ;-)

ACTUALIZACIÓN Después de contar que me había traído творог a los bálticos (veáse: estona y dos lituanos) de mi clase, casi lloran de la emoción al recordar sus творог que ellos llaman kohuke sieriņš. Así que al día siguiente les llevé a ellos los que me quedaban en la nevera. Vi el éxtasis en sus ojos. Qué bonito es suscitar emociones con la comida.

El творог no solo se vende con chocolate, también se vende sin cobertura, con vainilla, con pasas, solo… Todos se encuentran en cualquier supermercado. He traído más, ya os los enseñaré.
Sin más, me despido por hoy. ¡Que tengáis un buen día!

Recuerdos de Linz

Ya he vuelto de mi excursión. De hecho, volví el martes por la mañana, destrozada, estoy mayor, pero ya estoy recuperada, y he decidido contaros, cómo no, algunos recuerdos (a poder ser relacionados con comida, claro) de mi fugaz visita austríaca. Iba al Festival Ars Electronica (que lo organiza el centro con el mismo nombre que el festival, foto siguiente), bastante conocido entre gente que se dedica al diseño, arte experimental, etc… Ese sector de gente al quizás paso a pertenecer ;-) Aunque os decía que iba con un poco de dolor de cabeza / preocupación a la excursión, me gustó mucho ver tantas cosas que el gremio tiene que ofrecer y tantas perspectivas distintas. Ojo, que me haya gustado ver lo que hay no significa que me haya gustado todo lo que he visto. Pero aún así, es bueno ver qué te agrada y qué no, de qué quieres aprender y de qué no.

La primera foto no corresponde con comida local, pero sí con el primer recuerdo de comida de allí. Fue en la primera cena. Esa noche 2 compañeras y yo nos perdimos por Linz y no encontramos nunca al grupo de gente con el que íbamos a cenar en el sitio que se ve en la siguiente foto (el cual, por cierto, os recomiendo, ¡sirven comida local deliciosa y la terraza – jardín es muy agradable!). Así que acabamos tomando esta sopa vietnamita, pho.

Durante el viaje tuvimos la suerte de tener una alemana en el grupo que nos echaba un cable, aún así, me resultó fácil al menos como turista comunicarme allí. Casi todo el mundo con quien tuve que tratar me entendían en inglés y me parecieron bastante amables.

Y en cuanto a comer, comer, me temo que no he podido hacer turismo gastronómico como es debido. Conseguí hacer que el grupo que iba conmigo se viniera a comprar bombones Mozart para seguir la recomendación de Paula, pero poco más. Me perdí los schnitzels… Lo sé, mal. Pero es que estaba alucinada de que en cada sitio en el que comí tenían una parte del menú totalmente vegetariana y no pude dejar de probar cosas de este apartado. Madre mía, ¿me estaré haciendo una eco-pija también denominada  hippie ecológica? La verdad es que probé, entre otros, un strudel de verduras muy logrado y polenta con lentejas y chutney de mango. Ambos platos deliciosos, ahí lo dejo.

Sin embargo, esta foto es la prueba de que todavía no me he pasado al lado eco-?. Cómo he disfrutado con las salchichas estos últimos días. Qué buenas estaban SIEMPRE. Sí, tienen un sabor estándar pero taaaaan delicioso… Ahumadas, crujientes, jugosas, siempre con un panecillo al lado, siempre con mostaza. En las paradas que hicimos en Alemania con el autobús, siempre había salchichas calentitas por 3€ listas para tomar.

Como punto curioso, diré que este viaje me ha hecho hacerme consciente de que sí que me estoy adaptando a Holanda y varias costumbres de aquí. Tengo un post reservado, ya veréis.

Aquí acaba el post de hoy, con mi última comida en Linz. Cómo no, salchichas. Además de manera improvisada, disfruté de parte de esa comida (y el hacer las fotos) de una breve soledad (al poco de acabar con las fotos, vino una compañera y se puso a hablar conmigo). Lo más bonito es que esta comida fue en la puerta del Ars Electronica Center, donde se organizaba el festival, en el que he visto lo que más me ha gustado estos días y sobretodo, se podría decir que es el punto donde quizás “empiece todo”.

Probando comida indonesia

Como sabéis, hace un par de semanas fui a un festival de cultura Indonesia que se celebraba en La Haya, mi ciudad actual. Creo que lo he comentado alguna vez, pero igual que en Inglaterra la comida india es de lo más genuino o en USA la china o la mexicana, aquí en Holanda son los Indonesios los que mandan a nivel comida internacional.

Antes de venir a vivir a Holanda, la gastronomía Indonesia me resultaba absolutamente desconocida. Hasta este festival, de hecho, seguía siendo una gran incógnita. Me gusta leer mucho antes de probar algo, o si no, me gusta ir con algún local o con alguien que ya sepa para que me recomiende, para que me diga si es real o no. En este caso, no había indagado casi en ninguna de las modalidades habituales.

Después de este evento gastronómico, ya soy capaz de afirmar que me gusta la comida Indonesia :) Fui un día yo sola, luego se me unió Alguien para coger algo de cena y al día siguiente se vino un chico que conocemos que es de Jakarta. La verdad es que el pobre chico estaba en un estado de emoción absoluta, decía que había muchas cosas muy tradicionales y que no encontraba nunca fuera de Indonesia (algunos tipos de pescado, por lo visto), también dijo que había algún que otro puesto demasiado local-holandés.

Famoso saté con las brochetas ya sumergidas

Si alguien viene a vivir a Holanda, verá que hay algunas comidas que se ven en todas partes, una de ellas es el saté/sate/sateh/sathe/satay (lo he visto escrito de todas estas formas). Son brochetas de carne (normalmente es pollo, pero se usan muchas otras carnes también) marinadas en especias y luego bañadas en la salsa saté, que es una salsa especiada a base de cacahuete. Hasta esta feria, yo le tenía algo de tirria a este plato porque me daba la sensación de comer carne con puré de mantequilla de cacahuete, no muy agradable a mi gusto.

El saté en Holanda es como en España las croquetas, por decirlo de algún modo, es algo muy tradicional que cada vez que se reúne gente, hay saté. A todo el mundo el gusta (hay varias comidas así, ya os contaré).

El caso es que el saté de muchos sitios no tiene nada que ver con el saté de un indonesio ¨real¨, que está, por cierto, bastante rico. Además, de esta salsa hay mil y una muchas variedades por lo visto.

Otros platos muy habituales son un mix de cosas, por ejemplo nasi rames, que lleva arroz en el centro y distintas pequeñas raciones de otros platos alrededor. También está la opción de en vez de arroz, fideos en medio. Como veis, tiene un precio moderado, aunque no está mal las cantidades con lo que se paga.

Estos son albóndigas de pescado en caldo con fideos y sopa. También muy comunes y bastante amadas en Indonesia, según nuestro amigo ;)

Él se tomó unas, pero no nos dio tiempo a probarlas :/

Uno de los acompañamientos estrella del arroz eran los huevos duros en salsa. A pesar de todos los anti huevos duros que me leéis (y que se os estará retorciendo algo por dentro de ver huevos duros en salsa), por supuesto a mí me encanta la idea.

Y más popurrís…

Lo curioso es que por lo general, la comida indonesia no es súper picante. A mi gusto, es de los picantes agradables, que no te hacen llorar (o que te ardan las encías -sí, me ha ocurrido a mí-), pero tienes el calorcito y cosquilleo agradable en la lengua durante toda la comida.

Aquí os pongo algo de decoración de estos puestecitos.

La foto que veis a continuación es plátano frito. Está rebozado como las gambas a la gabardina. A mí me gusta más sin rebozar…

No podía dejar esta crónica sin alguna cerdada. Esta es LA cerdada: IJS. Ijs se pronuncia /ais/, es decir, como hielo (ice) en inglés ;)

¿Véis estos recipientes? No sé a vosotros, pero a mí me recordaban a los laboratorios de los dibujos animados, con tanto colorín en jarrones tan altos.

Yo tomé del de la izquierda, que os lo enfoco para que se vea mejor, es aguacate y coco. Luego leche de coco, un sirope horroso color fucsia, hielo y un chorrito de leche condensada…

Y ya veis el resultado, ¿a que es espantoso? ¡Pues reconozco que me gustó!

Habréis visto el letrero de spekkoek al lado de las bebidas, es un poco confuso, en realidad los spekkoek son estos bizcochos, también muy populares, ya los había probado y están muy ricos. Son capas muy finitas de sabor natural más chocolate o pandan (el de color verde).

No quería que os perdierais este momento tan entrañable de la señora local cocinando un plato típico en directo.

Y aquí van unas pocas fotos más del evento que me gusta cómo han quedado:

Espero que os haya gustado.

Os quiero dejar un link con uno de mis primeros contactos a nivel leído con la gastronomía de asiática, uno de mis blogs favoritos, Cuadernos de Cocina Oriental.
¿Habéis probado alguna vez la comida indonesia?
¡Feliz fin de semana! :)

Navidad en Holanda #2 Los oliebollen

El descubrimiento. Me llaman mucho la atención estos bollos. Su nombre básicamente es… bollos de aceite. Viéndolos más de cerca ¿no os recuerdan a un dulce muy típico español? Como por ejemplo ¿los buñuelos? Pues sí, porque son buñuelos del tamaño de una pelota de petanca. Hay varios tipos, pero los que más me gustan son los básicos, que no llevan relleno pero sí azúcar glas por encima. Los otros muy (más) típicos llevan pasas incorporadas a la masa. Me quedo con los primeros ;)

La verdad es que es todo un alivio que vendan estos bollos solo en Navidad. Los venden en los típicos puestos de feria en los que en España venden churros / patatas fritas… Y además hacen un concurso nacional para ver qué oliebollen son las más ricas. En La Haya tenemos uno de los puestos ganadores de… no sé qué año. Hay más variedad que todavía no he probado: de manzana, plátano, apple beignets, rellenos de crema con un trozo de mandarina de adorno… Lo que tiene mucha gracia es comerlo por la calle y que con el viento que nos acompaña en estas fechas, el azúcar manche a todo el que los come, bien en la nariz, bien los abrigos :P

El relleno es más esponjoso que los buñuelos pequeños que acostumbraba a tomar por noviembre en Madrid (claro que también me gustaban menos), es algo elástico también, me encanta ese tipo de textura, y, de hecho, lo bonito es que me recuerda a los buñuelos que hacía mi abuela. Ah, y aunque es evidente que están fritos, no tienen esa grasa chorreante de los buñuelos normales o de los churros, la prueba es que cuando te los dan envueltos, el papel no se mancha apenas. No justifico que sean sanos en ningún caso ;)

Poco más para esta entrada que parece estar de lunes ;) Os diré que probamos la primera vez en la excursión que hicimos a Delft hace ya un mes cuando se vino mi amigo ruso. Como muestra, os dejo una foto de los canales de Delft. Hay canales en casi cada ciudad en este país, pero no me canso de verlos, todos parecen tener su encanto.

Qué emoción. No queda nada para que vengan mis padres y hermanas y ¡¡les lleve a probar estos oliebollen!! :)