El último pastel

baba_rhum¿Sabéis qué es la intuición? Yo nunca creí en la mía, a pesar de lo fuerte que es.

Ahora la valoro mucho. Ya que, cuando hice este baba au rhum de naranja con trufa, Nadie lo probó. Me lo tuve que comer yo sola, y no porque estuviese malo. No hay nada más triste que cocinar un gran pastel y que no se aprecie o pruebe. Algo que te ha llevado tiempo, ilusión y ganas. Tanta inversión emocional que cuando ves que has invertido en falso, la caída es dura. Pero necesaria.

Perdonad esta pausa prolongada. He tenido meses en los que no sentía fuerzas para escribir, ni siquiera para cocinar con ilusión. Por suerte, mi intuición, mis hermanas, mis padres (mi Familia) y los amigos de verdad nunca se fueron. Han sido ellos los que me han alimentado de fuerza y ganas. Los que me han dado un empujón para que siguiese andando. Los mismos que me han recordado que los tropiezos sirven para aprender y levantarse otra vez.

Este blog ha sido un vehículo para no olvidarme a mí misma. Siempre supe quien era, aunque a veces me diese miedo saberlo tan bien y las consequencias que tiene.

Aquí cierro un capítulo de mi vida. Innumerables ilusiones, alegrías, muchísimas cosas aprendidas, disfrute, lecturas, nuevos amigas y amigos, pero también estrés, frustración y cansancio. Y de nuevo, fuerza y esperanza. Todo queda aquí.

Siempre me he preguntado con qué tipo de entrada cerraría este blog. Y aquí estoy. Me da pena, como cuando se acaba un buen libro. Pero lo más importante es haberlo disfrutado hasta el final.

Y empezar el siguiente con las mismas ganas e ilusión.

Hasta pronto.

Viva la vainilla y contando un poco de todo

Viva ella, porque yo lo que soy es un desastre. Siento el silencio. Tenía tantas cosas que contar que a veces me pierdo organizando y pensando. Me paso la vida con millones de cosas que hacer y que querer hacer…

Ya he empezado el nuevo curso, con muchas ganas y todavía más ilusión que el curso anterior. Ya nos darán caña y contaré mis penas (y espero alegrías también) por aquí.

El otoño aquí ya es una realidad climática: la calefacción ya está en marcha. Hace fresquete y el viento empieza a ser levemente agresivo.

Me he apuntado al gimnasio. Y estoy yendo.

Estoy deseando que lleguen las navidades para ver Love Actually con mis hermanas en el sofá.

Se me dibuja una sonrisa en la boca de pensar cuando la semana antes de navidades llegue a casa y tenga comida calentita hecha por mi madre.

Mi primera amiga embarazada dará a luz en noviembre.

Las vainas de vainilla de la foto son del viaje a Lille, tan blanditas y aromáticas… y baratas jaja. Qué feliz soy con unas vainas de vainilla, hay que ver.

No he visto todavía la última media temporada de Breaking Bad. Me da miedo entrar en tuiter.

El final de Dexter me parece un despropósito.

Para rematar, me he enganchado a una serie franchute: Engranages. La BBC la compró. Buenísima.

Mi nivel de modernillismo sigue en auge… soy feliz viendo la serie en francés con subtítulos en inglés.

Sigo teniendo miedo del salto al vacío que di el año pasado. Sin embargo, parece que el miedo, el vacío y yo hemos aprendido a convivir.

He descubierto que, por algún motivo, mis compañeros de clase (al menos la mayoría) me guardan un cierto aprecio.

Hace poco sucedió algo que me afectó, una persona que conocía falleció. Nos despedimos de una forma especial que me ha marcado positivamente.

Vida y muerte. Cada vez más cerca. Me hago mayor de verdad.

2013 – 2014 será mi último curso de veinteañera. Tendré que disfrutarlo, digo yo.

Quería hacer una entrada de enlace entre las vacaciones de verano y el nuevo curso. De todas maneras, me gusta escribir de comida y todo un poco. Quizás sigo haciéndolo en próximas ocasiones.

En seguida me veis por aquí otra vez.

Ocurrió casi todo (y más)

Comí melocotones de desayuno. Muchos días.

Observé la vista nocturna desde el porche. Lleva exactamente igual los años que yo tengo.

Viajé por Francia, y ¡muchos más sitios!

Apenas cociné. Pero ya lo dice mi amiga Paloma: “Ana, todo no se puede tener en esta vida“.

Qué razón tienes, Paloma.

Llevo un par de semanas intentando pensar en cómo ir publicando todo lo bueno que ha sido este verano, pero es que soy así de tonta. Quiero ordenar las cosas que decir, que no resulte pesado, que que que que… Se acabó. Os lo cuento todo esta semana :-D

Ya he empezado.

Últimas agonías de curso

Estas fotos representan lo que más me anima estos últimos días de curso (Alguien está sentado en la silla detrás de Guzmán).

Ayer hice los rigatonis con salsa de espárragos trigueros y el día se hizo un poquito mejor.

Este curso hace que me sienta como si estuviese inmersa en un reality show y participase en el sorteo de ver quién sobrevive al programa y quién no. Tengo mi papeleta (o quizás varias) y lo mismo me toca a mí. Además tengo un jurado la mar de especial. Imagino que la angustia negativa viene porque el miércoles es el día. A ver si se pasa rápido. En cualquier caso, si no soy apta para continuar, lo más importante sigue estando: Mis seres más queridos. Es decir, no sería el fin del mundo, sino de una etapa más.

Veremos.  En breve os contaré, sea lo que fuere.

Rusia #2 Merendando en San Petersburgo

Sigo con mi serie de entradas de Rusia. Llegamos a Moscú un viernes por la noche y a las pocas horas cogimos un tren de alta velocidad rusa a San Petersburgo. No, no está tan lejos, sólo son 4 horas de tren ;-)

En psicología tenemos una teoría llamada el efecto de primacía, que significa que lo primero que ves causa un efecto de primacía que hace que todo lo siguiente no sea tan bueno por comparación. Quizás me pasó eso con San Petersburgo y Moscú. Quizás es que San Petersburgo es más bonito o tiene más encanto. Quizás son diferentes y ya no sé con cual quedarme (bueno, sí…jajaja)

La primera foto es la catedral de la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada. Hastaluego con el titulito… Y no os perdáis la pasada de foto de wikipedia. La verdad es que el interior no estaba mal tampoco, me gusta mucho el estilo de iglesia ortodoxa y sus interiores.  Y luego están los techos, me encantan, de iglesias y no iglesias, pero en Rusia hay que mirar hacia arriba siempre, me pasé la semana fotografiando techos…

El frío. De nuevo, Imaginad el cambio tan brusco de temperaturas que tiene que haber para que ¡el agua se congele cayendo de un tubo! Me hubiera gustado ir fotografiando más ejemplos de estos tubos congelados, pero no pudo ser.

Tras un primer día sin parar por San Petersburgo y una comida que olvidé fotografiar, decidimos merendar algo. Escogimos un café en frente de la Catedral de Kazán (foto a continuación) que estaba dentro de una librería.

¿Sabíais que las cocinas en Rusia no cierran? No hay horarios definidos de comidas. Hablando con nuestra rusa favorita (la hermana de Antonio ;-)) nos dijo que no existen tradiciones diarias estilo “sentarse a cenar la familia completa”. Los trabajos tienen la prioridad.

Fue aquí donde tomé mis primeros blinis hechos en Rusia. Los primeros no hechos en Rusia fueron hechos por mi amigo Antonio, cuando nos visitó el año pasado. Como veis, los blinis parecen crepes, la única salvedad es que se hacen con harina de trigo sarraceno en lugar de harina de trigo común. ¿Las formas favoritas de acompañarlo? Smetana (nata agria rusa), leche condensada, frutos rojos, semillas de amapola, requesón ruso

Mis dos aburridos se pidieron bollería. Presentada muy bonita, eso sí.

Y los chocolates calientes. Allí gustan mucho. Tenían una página de la carta dedicada. El mío era de naranja con canela… Muy bueno.

Y Alguien con fresas y chocolate. Se me olvidó echar una foto al batido de frutos rojos de Antonio, nuestro ruso favorito :-)

Y aquí la merienda entera.

¡¡Espero que os haya gustado!! Más fotos en flickr.

Más Rusia aquí.

Visita a la fábrica Lindt

Mientras en España estáis loquitos con los roscones (ya veremos si me da tiempo este año) yo os cuento mi gran visita de estas Navidades :-P

Cuando estuvieron mis padres y mis hermanas de visita estas Navidades, nos fuimos a la frontera de Holanda con Alemania a una ciudad llamada Aquisgrán (Aachen en alemán). Para mí lo más divertido del viaje fue llevar a la familia al completo (perro incluído :-D) en una furgoneta de este estilo, eso fue buenísimo, 2 horas y media de viaje que me encantó conducir.

Elegimos Aachen porque es lo que más cerca nos pilla y no queríamos hacer un viaje mucho más largo, por supuesto, un punto muy a su favor es que esta ciudad alberga una fábrica Lindt. Desde 2011 que Alguien fue de excursión nada más llegó a Holanda, estaba en un sinvivir por visitar Lindt. No entré a la fabrica como tal (en la que también se pueden hacer visitas guiadas, pero había más cosas que ver de Aquisgrán y decidimos pasar solo a la tienda, lo cual fue suficiente :-P).

Antes de ir para allá prometí que publicaría el consiguiente botín, así que allá va:

Lo que sabía que compraría

Sin duda mi tableta más favorita de todas. Unos cuantos diréis: buah, aficionadilla, chocolate blanco, venga ya… Yo tampoco soy de chocolate blanco hasta que vi un chocolate blanco de calidad cambia todo. Esta tableta es de lo mejor que he probado: con las almendras y el caramelo… No tengo palabras. Además debo de decir que un pequeño caprichillo que me daba a veces en Madrid. Los viernes por la tarde si venían mis hermanas a dormir a casa, cenábamos pizza o chino y una de estas tabletas mientras veíamos una película en el sofá. Esta tableta no me trae a mis hermanas los viernes a Holanda (y no os imagináis lo que las echo de menos), pero me aporta una parte de un magnífico recuerdo.

Principalmente sabía que quería una tableta con chili. La probé hace unos años en casa de nuestro amigo Guilhem (que se ha hecho blog, ¡al fin! ya veréis cuando empiece a publicar más) y me encantó. La de sal fue amor a primera vista y ya os puedo decir que está deliciosa.

Lindor rojos porque son los únicos bombones que le gustan a Alguien (sí, afirma que no le gusta el chocolate nada más que en forma de Lindor y de chocolate a la taza ;-)), ¡¡Lindor de pistacho!! (me los trajo Alguien de su visita y quedé enamorada. Qué buenos están…) y Lindor de Canela y cardamomo (estos no los conocía, pero tuve que cogerlos jaja)

Esta tableta es la clásica de los clásicos. Pero es la culpable de que me guste tanto esta marca de chocolates. En realidad, la culpable de verdad es mi abuela, que la compraba para la visita dominguera de nietos. El chocolate se te derrite en la boca y tiene ese sabor tan… Lindt. Por cierto, os preguntaréis por qué no compro en un supermercado estas cosas… es que en Holanda NO VENDEN LINDT. ¿Por qué? Ni idea, pero en el supermercado lo más exótico es Milka y Cote D’or… Además la fábrica tenía unos precios para caerse de culo (algo importante también, claro).

Compras improvisadas tipo 1: clásicos

Sabía que improvisaría al entrar. Quise llevarme algo más clásico y a poder ser del tamaño de un bocado (para el café, tomar con amigos, etc).

Estas láminas son una buena opción. Cogí el variado de sabores, pero también había de un solo sabor.

Siempre he mirado con cierta *** las estanterías de bombones, sobretodo siempre me preguntaba cuánto de ricos estarían los bombones Lindt. Siempre me preguntaba si lo bonitos que son es directamente proporcional a su sabor… Ya os lo diré ;-)

Compras improvisadas tipo 2: Pruebas en pequeñas dosis

Sabía que iba a haber muchos sabor que no habría probado. Por lo tanto, quise tener mesura y de lo que sabía que quería probar traté de llevarme cantidades muy pequeñas. Por ejemplo de estos bombones de chocolate blanco con champán. No pueden estar malos :-P y además la cajita costaba 50 céntimos. Vamos, un pecado no cogerlos jaja.

Para pecados, estos sabores nuevos que te plantaban nada más entrabas por la puerta… chocolate con cheesecake de fresa o con cookies o con caramel brownie. Es decir, una auténtica marranada. ¿Cómo no lo voy a probar? De hecho, fijaos que falta el sabor de brownie, y es que no estaba en formato barrita y me negué a coger la tableta de brownie. Solo quería probaaarrrr. Una pena, pero ya me lo dirán mis hermanas, que ellas sí que se llevaron ;-) Ya he probado la de cheesecake y no está mal. Eso sí, hice bien comprando solo barras ;-)

¿Hacen falta palabras para esta barrita? Es como si fuera una barrita rellena de algo similar a la nutella…

Sorpresas

Siropes de chocolate de cobertura. No pensé que Lindt vendiera esto, pero me parece un invento genial. Estoy deseando tener excusa para abrir cualquiera de los 3 botes (chocolate negro, con leche y con cardamomo).

Si vendían siropes, vendían tabletas de cobertura también, claro está. Y chocolate en tubos de pasta de dientes para hacer letras en las tartas, por ejemplo.

Regalos

Quise llevarme algún detalle para gente que tengo cerca y que me han tratado genial este año. Por ejemplo, mis vecinas (aunque una ya está lejos y la echo mucho de menos, pero en fin…). A las 3 les he cogido estas bolsitas de Lindor rellenas de praliné.

Una compañera de clase que me trata muy bien y me el día antes de acabar las clases me dio una bolsita con mi nombre y me prohibió abrirla hasta el día de Navidad :-)

Para otra compañera de clase sin la que jamás habría pasado del tirarme de los pelos con photoshop y su pandilla de programas indeseables. ¡Además de ser bien maja conmigo en general!

Y esto es todo. ¿Qué os parece? Yo estoy encantada, echaba mucho de menos no tener Lindt aquí, y ya tengo chocolate para muuucho tiempo ;-)

De lo que he comprado ¿Qué habéis probado? ¿qué os gustaría probar? ¿qué habríais comprado? ¿qué habríais buscado? ¿os gustan estos chocolates?

La última pregunta se debe a que mi padre decía que lo aborrecía y terminó saliendo con un par de cosas de la tienda (y dice que saben mejor que lo que él había probado jajaja).

AVISO *Lindt no me paga por este post*

Encerrando el verano en tarros de cristal y recuerdos 1

Parece mentira que ya estemos a mediados de septiembre. Las hojas ya empiezan a ser anaranjadas y ya las oyes crujir al pasear en la calle. Creo que este año publicaré alguna foto de mi barrio, Holanda es realmente bonita en esta estación.

Me parece increíble lo rápido que ha pasado el año. Pero es que el verano me ha resultado tan fugaz, que hasta me da un poco de miedo. A lo mejor de aquí a dentro de 40 años es solo un abrir y cerrar de ojos.

Quizás el tiempo pasa tan rápido que en un pestañeo paso a ser una abuelita haciendo rosquillas para mis nietos ;-)

La cuestión es que ese miedo últimamente se ha transformado en fascinación. ¿Por qué? Porque ya llevo una semana en la escuela de arte y durante un mismo día me ha dado tiempo a enfadarme y a re-enamorarme de lo que hago. ¡Lo que dan de sí 5 o 6 horas!  Así casi cada día. Estoy pensando en empezar algún diario para recordar todas estas cosas.

En fin, como el tiempo ha pasado tan rápido, solo me dio tiempo este verano a ir contando por tuiter mis nuevas hazañas con la mermelada.  El año pasado probé a hacer mermeladas de piña y pimiento rojo, pero este año me he ido a por las versiones clásicas. El resultado ha sido aún mejor. Es más, he tomado la determinación de no volver a comprar mermelada. No sé qué hacer con los botes que todavía están por acabarse en la nevera. De momento los uso como rellenos de bollos, etc.

Mi madre vino en mayo una semana e hicimos varias excursiones a distintas tiendas de la zona. Una de las “tiendas” fue makro y vi los albaricoques de la primera foto y me tuve que llevar una bandeja para hacerlos en mermelada y clafoutis. Mi madre quiso probarlos y bueno, hubo que comprar otra bandeja :-D La mermelada fue impresionante. Comparad el color y textura entre una mermelada (izquierda: comprada) y otra (derecha: casera). ¿Cómo es posible que sean tan distintas? Si son los mismos ingredientes.

La pobre mermelada creo que, con mucho esfuerzo, alcanzó un mes de supervivencia. Hasta yo, que no soy gran fan de la mermelada de albaricoque, solo tomaba esta casera.

Y por supuesto, hice un clafoutis. Esta vez probé una versión que llevaba tiempo marcada en la Larousse especial de Crumbles et Clafoutis. La verdad es que estaba bueno, pero pensaba que sería más pastel y menos bizcocho. Me quedo sin duda con la textura de pastel, similar a la de un pudding.

Aún así, aproveché tanto color veraniego y texturas para hacer algunas fotos con mi objetivo macro ya no tan nuevo (para mí que lo compré casi ayer).

Así que nada, a finales de verano (mediados de agosto aquí) compré fruta en buenas cantidades y tengo unos cuantos kilos de mermeladas en la despensa, ya os enseñaré.

¡¡Os deseo una semana estupenda!!

Messy…

Verano 2010, en una de las barbacoas que celebramos allá en la sierra de Madrid...

Así estoy yo, como la mesa, algo desordenada últimamente.
Sé que llevo unos días sin publicar nada, pero con poco tiempo no podía publicar nada decente. Espero entre esta semana y la siguiente volver al ritmo habitual.

¡Lo siento!

That’s peanuts!

¡Eso no es para tanto! / ¡Eso no es nada! Básicamente es el significado de la expresión del título de esta entrada (varía según contexto). Me resulta bastante graciosa la comparación… ¿de dónde saldrán ciertas expresiones de cada lenguaje? Por si os ha entrado la curiosidad, podéis encontrar más usos de la palabra peanuts aquí.

Empezamos otra semana más. Ya hace frío en Madrid…

Este es mi desayuno de hoy. Leche fresquita y estas galletas, de mantequilla de cacahuete. Yo me repito a mí misma el siguiente mantra: “estas galletas no son de mantequilla de cacahuete, sólo de cacahuete pero la mantequilla esta acentúa mucho el sabor del fruto seco”. Este mantra se debe a que la mantequilla de cacahuete sola no me hace ninguna gracia. Sí que me gustan los cacahuetes. Así que cuando vi la receta en el libro de Martha (sí, sí, me está dando fuerte, jaja), me autoconvencí de que debía probarlas.

La otra excusa para probar esta receta es que había visto que la marca Hacendado (siempre en mi corazón) ha sacado mantequilla (en el envase pone crema, pero es lo mismo) de cacahuete. Su precio es alrededor de 1,5€ 2,5€ (Actualización: no sé si el precio anterior que puse fue de lanzamiento, o qué… ¡perdón por el error!) y lo produce Antiu Xixona. Ese precio, frente a mantequillas de cacahuete en otros supermercados, que no bajan de los 3,5€ – 4€, me parece estupendo. Necesitaba una excusa para probarlo también.

Por último, he decidido incorporar un elemento extra a la receta: mini-smarties. Desde que supe de su existencia estoy maravillada. Vienen muy bien para galletas y otros postres. En las fotos no se aprecia mucho su presencia, pero lo bueno es que dan un toque de sabor a chocolate que viene muy bien para contrarrestar al sabor tan intenso del cacahuete.

Lo cierto es que es una receta muy sencilla de hacer, y bastante rápida. Cuando no se usan moldes para hornear galletas, el proceso se acelera bastante. Es posible que repita algún día la receta, porque el sabor es bastante agradable, con algo algo más fuerte de sabor (como un café), también están buenas.

Receta de galletas de mantequilla de cacahuete

– 1 cup de mantequilla = 220 gr

– 1 cup de mantequilla de cacahuete (vaaaale, sí…) = 250 gr

– 1/2 cup de azúcar moreno

– 1/2 cup de azúcar blanquilla

– 1/2 teaspoon de levadura

– 3/4 teaspoon de esencia de vainilla

– 1,5 cup de harina

– 1 huevo grande

– 1/2 cup de cacahuetes (no decía nada la receta, pero yo los he triturado un poquito, para que los tropezones no sean tan bastos)

– 3/4 cup de mini lacasitos

Pasos

0. Precalentar horno a 180ºC.

1. Se mezclan la levadura y harina y se tamizan. Dejar retirado para incorporar después.

2. Se mezclan los dos azúcares con la mantequilla (la normal) hasta que la mezcla quede de un color clarito, con una textura similar a una crema.

3. Se añade el huevo y se sigue batiendo.

4. Después, se añade la esencia de vainilla.

5. Se añade la mantequilla de cacahuete.

6. Se añade la harina.

7. Se añaden los cacahuetes triturados y los lacasitos.

8. En la bandeja del horno, se ponen bolitas de la masa, quedando entre ellas 2cm de distancia, ya que se expanden.

9. Una vez ya colocadas, cogemos la base de un vaso, se embadurna un poco de harina y aplastamos ligeramente la masa de cada galleta.

10. Después, se dibujan cuadrados con un tenedor como hacen aquí.

11. Se meten al horno, aproximadamente 25 minutos, dando la vuelta 180º a la bandeja a la mitad del tiempo.

12. Dejar enfriar y guardar en un recipiente.

¡Espero que os gusten!

¡Que tengáis buen lunes (si es que eso es posible…)!

Magnolia Bakery reminiscencias

Ay… uno de mis destinos obligados en Nueva York. Iba algo reticente con los cupcakes, tenía ganas de probarlos pero estaba convencida de que me empalagarían o que masticaría mantequilla o peor, un shortening/margarina baratuja que me haría arrepentirme de haber ido a aquella pastelería con tanta ilusión.

Nada más lejos de mi expectativa. La crema era suave y no empalagaba. El otro miedo, el de ir a una masificación sin sentido, también se me quitó. Sí había cola para entrar, pero tenías que esperar a que se liberase aforo, por lo que dentro no te agobiabas. Y no se tardaba mucho en entrar. Los empleados bastante jóvenes y majos dan muy buen ambiente al sitio. Te coges tú la caja (de 2 ó 6 cupcakes) y los cupcakes que quieres y pagas. Puedes coger bebida y hay otro tipo de pasteles y tartas también con una pinta genial.

Aunque no puedes comer allí, nada más salir hay un parquecito muy agradable en el que puedes disfrutar de tus cupcakes.

Los sabores de la foto:

– Fila de arriba de izquierda a derecha: chocolate con ganache de chocolate, vainilla con frosting de vainilla, red velvet con frosting cream cheese.

– Fila de abajo de izquierda a derecha: vainilla con frosting de vainilla verde, chocolate con frosting de vainilla rosa, otro de chocolate con ganache de chocolate.

Los que he puesto en negrita fueron los que más me gustaron :)

¿No son preciosos? ¡Pues además están buenos!

¡Recomiendo fervientemente esta visita!

Magnolia Bakery

401 bleecker st
New York, NY 10014

(esta es la dirección de la primera tienda que tuvieron, ahora hay unas cuantas más)