Regalitos gastronómicos #16 Té de Taiwán

Hace una par de semanas Alguien y yo hicimos paella en casa e invitamos a la chica de las gominolas surrealistas y a su novio. Ella se presentó con té como obsequio de invitada (*).  Ella ha crecido en China, pero su madre es de Taiwán, por lo que todos los veranos hace algún viaje a la isla y se trae cosas con ella.

El olor de las hojas de este té es increíble. Es un olor muy suave, delicado, tanto, que me lo podría echar de colonia.

Una vez hecho, conserva un olor muy agradable y tiene un sabor ligeramente amargo. Por un lado, me recuerda al té verde en cuanto al sabor, por otro lado, me recuerda a los tés que ponen en los restaurantes chinos aquí (además lo sirven gratis, por cierto). Quizás es el mismo tipo.

Esta (arriba) es la caja que contenía la bolsa de té envasado al vacío que veis a continuación:

Me da miedo que sea tanto té y que no dé tiempo a acabarlo y se pierda el aroma con el tiempo… Se hará lo que se pueda.

¡Buena semana a todos!

(*) El novio de ella también trajo regalo, una caja de bombones de licor. Bombones alemanes. No los publico porque los estoy guardando para mi padre estas navidades, que es un superfans de los bombones de licor. Ya de paso, los probaré con él a ver si me gustan a los 29 años.

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Yo no leo y cookies para el shock

Ante la petición de una profesora de leer un libro para la semana que viene, la respuesta de dos de mis compañeros es la siguiente: “yo no leo”.

Semejante respuesta me preocupa, me asusta, me inquieta, me enfada. De acuerdo que haya gente que no disfrute tanto como otros leyendo. Pero cuando hablamos de estudiar implica leer, para aprender además de hacer, se necesita leer. ¿Cómo transferir conocimiento sin leer? ¿Dónde queda el gusto de imaginar palabras en la mente, de hacerlas imagénes, olores, sabores, de crearte opiniones sobre algo solo con leer? De conocer a gente solo con leer sus escritos.

Socorro. Me pregunto si estas actitudes extinguirán los textos escritos al siglo que viene.

Podría llevar esta discusión a la facultad de psicología donde estudié. Podríamos hablar de las formas de aprendizaje, de procesamiento de la información, de las nuevas generaciones y la exposición a nuevas tecnologías. Que sí. Pero qué padre o madre o docente ha olvidado enseñar la importancia de LEER a su hijo o estudiante. Qué olvida decir un padre, una madre, un maestro o una maestra para que luego sus hijos o estudiantes sean capaces de negarse a leer un libro.

Por favor, decidme algo. Me da miedo pensar que esto va a ir en aumento. Quizás el día que yo tenga hijos “salen raros” porque les guste leer libros. Sacadme del desconcierto y mientras comamos cookies para olvidar esta tragedia.

Estas cookies las hice en verano. Con mi ritmo habitual estoy sorprendida de que haberlas podido publicar antes de 2014.

En no mucho (también espero que sea antes de las uvas) os enseñaré cómo hago mi mantequilla de cacahuetes y para qué la uso. Uno de los usos de esta pasta de cacahuete (que cuando no es industrial da mucho menos repelús) es hacer galletas. La mantequilla de cacahuetes da humedad a estas galletas, hace que se aproximen un poco a la idea de bizcocho. Además, no llevan harina, solo avena, la cual creo que es adictiva. Todo lo que lleva avena está bueno. Solo se las puede rematar con un buen chocolate amargo, yo lo pico a mano, no me gusta comprar chips, picar una tableta de chocolate puro no lleva más de 5 minutos. Yo uso las del lidl de comercio justo al 70% de cacao (en España había otras que aquí no venden) y no fallan.

Cookies de avena y mantequilla de cacahuete

Del libro “Wholegrain Baking”

170 gr de mantequilla de cacahuete (si es casera, mejor que mejor)

4 cucharadas / 50 gramos de mantequilla sin sal

180 gr de azúcar ó 3/4 de cup americana de azúcar moreno

1 cucharadita de esencia de vainilla

Media cucharadita de de sal

1 / 4 de cucharadita de bicarbonato para repostería

2 huevos grandes

85 gr de copos de avena, pasamos por la batidora durante 30 segundos, para que se queden más parecidos a la harina

127 gr de copos de avena sin triturar

Chocolate negro picado al gusto, una tableta de 100 gr es más que suficiente (¿o quizás no?)

Pasos

0. Precalentar el horno a 180º C.

1. Batir la mantequilla de cacahuete, mantequilla, azúcar, esencia de vainilla, sal y bicarbonato en un bol.

2. Una vez empiecen a estar mezclados los ingredientes del paso anterior, ir añadiendo los huevos uno a uno.

3. Después añadir la avena triturada, seguir mezclando y añadir la avena sin triturar y por último el chocolate picado.

4. En una fuente de horno cubierta por papel antiadherente, disponemos las galletas, las cuales serán alrededor de una cucharada de masa. Como crecen en el horneado, es mejor dejar al menos 5 cm de distancia entre masa y masa.

5. Cocemos las galletas en el horno, estarán hechas cuando los bordes estén empezando a coger un color dorado. Cuidado cuando se sacan, cuando están calientes son muy frágiles. Por tanto, hay que esperar a que enfríen en la misma fuente para manipularlas bien.

Comer en situaciones de shock o simplemente para disfrutar a cualquier hora. Recomiendo compartir para no acabar con ellas en soledad o bien hacer el shock más llevadero.

Quinoa con broccolini, pijotini

Por alguna razón la semana pasada compré un barreño de calabacines. 1€ por cuatro calabacines hermosos. Un chollo para mí. Sobretodo teniendo en cuenta que aquí el calabacín se vende a precio de oro… tanto que se vende por unidad, como los aguacates, los brocolis, las berenjenas, los pepinos y demás alimentos exóticos. Llevaba un tiempo sin comer calabacines, y es raro, porque probablemente sea la verdura que más he comido en mis 29 años de vida. Creo que ya desbancaron a las judías verdes incluso.

Total, que por algún motivo, los broccolinis estos me vinieron a la cabeza. No son más que brócolis con tallos más finos y el sabor sí es verdad que es algo distinto (para bien). La gracia es que fui al súpermercado pensando en cogerlos aunque están un poco más caros de lo que me suelo gastar en brócoli, pero justo ese día estaban de oferta. Así que sin remordimientos.

El nombre “broccolini” es una gran pijada, pero bueno.

Así que aquí va el segundo plato de quinoa de la semana. Esta vez me curré un poco la base, y poché cebollas y un poco de ajo antes de echar el calabacín a la sartén. Qué bien olía la casa…

Receta de quinoa con calabacín y brócoli(ni)

– Brócoli (o brocolini, lo que os apetezca y salga más barato, sobretodo lo último) – cantidad al gusto

– Calabacín – cantidad al gusto, picado en cuartos y luego los cuartos hechos rodajas

– Quinoa (medio vaso de chato es mi medida para una ración individual)

– 2 cebollas pequeñas

– 1 diente de ajo

– Aceite, sal, pimienta

– Y queso de cabra fresco en medallones que nunca falte (aunque está bueno, en este plato ya hay mucho sabor, así que si no tenéis, no pasa nada)

Pasos

1. Cocer el brócoli (o el ni). En mi caso lo hice al vapor, pero con agua funciona bien también ;-) Por cierto, en caso de que no tengáis un punto elegido de cocción, recomiendo que se saque de cocer cuando todavía el verde tenga un tono vivo y ya empiece a estar tierno, pasado ese punto de cocción, parece que se quedan mustios y demasiado blandos…)

2. Cocer la quinoa: La quinoa se debe de enjuagar primero antes de cocinarla. No lo olvideis.

Una vez elegida la cantidad de quinoa, ponedla en un cazo y echad el doble de volumen de agua (es decir, si habéis echado medio vaso de quinoa, echad un vaso entero de agua)

Dejarlo hervir hasta que el agua esté casi consumida y lo más importante, cuando a la quinoa le salgan “los rabitos” (en la foto de arriba, podéis apreciar los mencionados “rabitos”). Se escurre un poco en agua fría para que no se apelmace.

3. Picar las cebollas, bien en fino, bien en rodajas, lo que más os apetezca. Yo lo piqué muy fino. Lo mismo con el diente de ajo.

4. Poner un poco de aceite en una sartén (sin abusar, solo lo suficiente para que la cebolla no se pegue ni se queme al calor) y cuando esté caliente, echar la cebolla y dejar pochar, a fuego medio – alto, tapada hasta que empiece a estar transparente y adquiera un color dorado.

5. Añadir el ajo, remover un par de veces.

6. Echar el calabacín, cocinar hasta que esté tierno.

7. Añadir los brócoli(ni)s, remover con cuidado para no destrozarlos mucho.

8. Echar la quinoa, mezclar y seguir cocinando todo hasta que haya cogido la misma temperatura.

9. Salpimentar.

Servir al plato. Opcional el desmenuzar un par de medallones de queso de cabra fresco (que yo seguía teniendo en la nevera).

Comeeerrr.

Y pasear para ver cómo evoluciona el otoño. ¿Han caído las hojas en España?

La fiesta de las tartas

Siempre me han llamado la atención las sociedades gastronómicas tan comunes en Euskadi. Me habría encantado vivir allí y estar en una, o al menos haberme enterado si en Madrid había alguna y apuntarme. Aquí, en Holanda, sé que se hacen cosas similares: restaurantes que alquilan sus cocinas a grupos de amigos y cocinan juntos.

Pues bien, hace unos meses me enteré de que había una “sociedad de tartas” aquí, en mi pueblo. Iba a apuntarme sí o sí. La pena es que no cocinamos juntos, pero todo el mundo lleva su propia tarta y todos comemos de las tartas de todos. Hablamos mientras tanto, nos reímos y al final cada uno se lleva un trozo a casa de las tartas que le apetezca.

Al fin, este domingo podía ir. Después de exámenes, verano y demás, este domingo no me lo perdía. Cada encuentro tiene una temática, ayer fue la cosecha del otoño. Como imaginaba que habría muchas calabazas y zanahorias, decidí hacer una tarta con patata dulce (o boniato, o batata, o como quiera llamarse :-P) y especias de especuloos. La cobertura era de las clásicas americanas… de merengue suizo y mantequilla. Menos mal que se comparte, qué bonito es repartir felicidad en forma de mantequilla.

¡Esta es la mía!

He aprendido una cosa: La próxima vez la tarta se queda montada el día anterior. Con mi obsesión de que todo esté lo más fresco posible, dejé todo para el domingo, y la tarta por poco y llega caliente al evento. Bueno, y casi tengo un disgusto con la crema de cobertura, nunca más a última hora… Por suerte, al final todo salió bien. La tarta estaba muy buena y me he llevado muy poco a casa ;-) Me ha encantado ver que todo el mundo quería probarla, intrigados por ver a qué sabía un bizcocho hecho con patata dulce. Me ha hecho especial ilusión una mujer de Michigan, EE.UU, que al decirle las palabras mágicas *patata dulce*, se le han abierto los ojos y se ha ido directa a probarla porque en su región es muy típico cocinar con este producto. Le ha encantado y se ha emocionado con el toque de speculoos (yo más aún que ella).

¡Este es su relleno!

Ha habido tartas buenísimas, como la cheesecake de abajo. Por poco y la mujer que la ha traído no se lleva ni un cachito a casa. No me extraña.

La siguiente tarta me ha encantado. La ha hecho un chico y alguien le ha preguntado: ¿Por qué es fantasma? Y ha dicho él: “porque es una tarta que no es una tarta, porque lo que hay dentro son tortitas”. Toma ya. Y efectivamente, eran tortitas de plátano. Qué buena estaba. Qué chico más majo. Soy fan acérrima de los chicos que les gusta cocinar :-D

Nos juntamos muchos, como unas 20 – 25 personas. Había muuuchas tartas, no me ha dado tiempo a probar todas por desgracia.

En la siguiente foto, las 4 pequeñas que se ven encima de un tapete oscuro, eran también impresionantes… Tremendas, y su cocinera, también muy maja. Era gracioso probar las tartas y decirle a alguien: “¿has probado esta?” y que te dijese alguien cerca: “¡¡es la mía, qué ilusión que te guste!!”.

Espero repetir. Me temo que al mes que viene ya imposible porque me pilla de viaje, pero a la siguiente… Ay, ¡qué bien me lo he pasado!

Por cierto, por si alguien tiene curiosidad, usé la receta de Sweetapolita (este es otro blog súper estrella), con algún cambio: usé mezcla de especias de speculoos en vez las de la receta, omití los aromas de vainilla y ron, no hice el relleno de marsmallow (nubes) porque me da repelús puro, y por tanto hice 2 veces la cobertura. Usé menos azúcar para el bizcocho también…

¡Que tengáis buena semana!

Quinoaaaa, remolachaaaaaa

Antes de empezar con mi oda a la remolacha, necesito comunicar al mundo que me muero de agujetas y que odio al monitor de gimnasio por invitarme a la sesión de los ejercicios del terror: pesas, flexiones, abdominables… Mira que voy en plan autista con mis cascos para entrar en otro mundo y olvidarme del hecho de que parezco un ratón corriendo en la rueda de su jaula… Qué dolor, esta noche he dormido con una aspirina, algo ha hecho, menos mal.

Ahora sí. Volvamos a la remolacha.

No tenía suficiente obsesión con la quinoa que ahora me ha dado con la remolacha.

Siempre le he tenido manía a la pobre. Me sabía a barro y me daba mucho repelús. Tanto como a Paula los pimientos. Sin embargo, el año pasado un profesor mío me invitó a ayudarle (previo pago, que conste) a preparar cenas en galerías de arte. Lo que yo no sabía es que prácticamente todas esas cenas iban a llevar remolacha (y salmón).

La primera vez le miré mal cuando vi la olla llena de remolachas. Le dije lo de “¿pero es que no te saben a barro?”, se descojonó, no entendí por qué en ese momento. Al final de la cena, nosotros tomamos nuestra ración de cena y probé la remolacha otra vez (más). ¿Magia? ¿Por qué sabía diferentemente rica?

Desde la última cena que preparamos habrán pasado 4 meses o así. Y la echaba de menos. Es más, tenía curiosidad de prepararla yo, a ver. Hace tres semanas compré remolachas en el mercado pero de varios colores y las comimos de acompañamiento con salmón. Tremendo. Pero es que hace dos semanas una amiga me invitó a su casa a cenar y preparó risotto de remolacha. ¿Hola? Todos estos hechos indicaban algo.

Indicaban que días después no pude evitar hacer quinoa con remolacha y queso de cabra. El queso de cabra FRESCO en medallones. El de rulo se me hace demasiado fuerte, pero bienaventurados sean quienes lo prefieran de rulo.

Me encanta hacer plastas con la comida y los quesos. Yes.

Receta de quinoa con remolacha

Quinoa al gusto (yo uso una medida de vaso de chato de vino y es una cantidad generosa)

1 remolacha hervida (hasta que esté muuuy tierna), enfriada (que si no, quema mucho) y pelada

3 o 4 medallones de queso fresco de cabra

Un poco de aceite para la sartén

Cebollino para terminar el plato (mejor fresco, pero si solo hay seco a mano…)

Pasos

1. Cocer la quinoa: La quinoa se debe de enjuagar primero antes de cocinarla. No lo olvideis.

Una vez elegida la cantidad de quinoa, ponedla en un cazo y echad el doble de volumen de agua (es decir, si habéis echado medio vaso de quinoa, echad un vaso entero de agua)

Dejarlo hervir hasta que el agua esté casi consumida y lo más importante, cuando a la quinoa le salgan “los rabitos”. Se escurre un poco en agua fría para que no se apelmace.

2. Picar la remolacha, yo lo hice en pequeños bastones.

3. Echar la remolacha a una sartén con un poco de aceite caliente. Remover un par de veces, dejad que se caliente un poco.

4.  Añadir la quinoa y dar vueltas hasta que coja color.

5. Podéis empezar a echar aquí, en la sartén un par de medallones de queso de cabra, pero se queda más aglutinada la quinoa. Si no, lo podéis dejar todo para el final.

6. Salpimentar a gusto, echar un poquiiiiito de aceite de oliva rico al servir.

7. Servir en el plato y poner los medallomes de queso de cabra desmenuzados y después cebollino picado.

CO-MEEEEERRR calentito.

Espero que os guste.

Llevo toda la semana comiendo quinoa. Remolacha. Y calabacín.

Creo que ya sabéis lo que os espera :-P

Regalitos gastronómicos #15 Gominolas surrealistas

Qué de tiempo sin publicar nada con esta categoría… No es que no haya recibido ninguno, pero es verdad que se me ha pasado enseñarlos :-P

Una compañera de mi clase es de Hong Kong, y siempre que puede me enseña cosas que le gustan de allí que encuentra por aquí. La semana pasada me vino con estas chucherías. Es chocante, ¿una gominola de maíz? Jamás nunca hubiese yo pensado que pudiese existir semejante dulce.

A pesar de tener plena conciencia de que es producto 100% de laboratorio, es increíble que de verdad sepa a maíz (qué miedo, ¿no?).

Cuidado, porque crea adicción…

Que sea leve la semana… Yo estoy tan contenta porque 1) el martes me voy “de excursión” al estudio de fotografía de una profesora en Amsterdam, 2) después iré a la exposición de Pixar (¡al fin!) también en la misma ciudad y 3) a la semana siguiente ¡tengo vacaciones! :-D

Escuela de choux

Después de ese día inicialmente fatídico y acabó haciendo nuestros primeros choux, decidí empezar mi cruzada: Hacer choux cada domingo. Me encantan estos pastelitos y si hay algo que echo de menos de Madrid son los postres caseros o comprar algún pastel decente cuando me apetece. Hay pasteles… bueno, sí los hay, pero me dan una mezcla entre pena y repelús. Ya contaré por qué.

La masa debo decir que ya me sale decente, le he pillado el punto. La crema pastelera, hay domingos que me sale más líquida de lo que querría, creo que casi estoy ahí. Después ya iré a por los niveles “rellenarlos bien”, “hacer una cobertura en condiciones” y “no cargarme el caramelo”. Que no es moco de pavo, no.

Pero una vez comes un choux que está bueno, se hace adictivo. Además, esta masa tiene taaaaantas posibilidades.

Qué rica está la crema pastelera aromatizada con una buena vaina de vainilla…

Estoy siguiendo ambas recetas de Pierre Hermé. Receta modificada de La Larousse de los postres

Receta de masa choux para hacer profiteroles

Ingredientes para 500 gr de masa (unos 25 – 30 choux)

– 80 ml de agua

– 100 ml de leche entera

– 4 gr de sal (una cucharadita de café)

– 75 gr de mantequilla

– 4 gr de azúcar (una cucharadita de café)

– 100 gr de harina tamizada

– 3 huevos (medianos uso yo)

Pasos

0. Precalentar el horno a 200ºC

1. Mezclar el agua, leche, sal y mantequilla en una olla y calentar en una olla, removiendo con una espátula (o cuchara, a poder ser de madera), hasta que hierva.

2. Añadir la harina de una vez y mezclar bien hasta que resulte una masa lisa y homogénea.

3. Cuando la masa se despegue de las paredes de la olla, se debe de seguir removiendo un par de minutos más para secarla un poco.

4. Pasar la masa a un bol y añadirle los huevos, uno a uno. Se sigue mezclando hasta que estén bien incorporados.

5. La masa está lista cuando al levantarla con la espátula cae “en forma de cinta”, como si fuese un lazo de tela.

6. Se mete la masa en la manga pastelera con una boquilla ancha (del 14 o 20 para medianos y grandes respectivamente). Yo he usado la boquilla más grande que tenía, pero no venía el tamaño que era…

7. Se forman los profiteroles con la manga: es hacer “bolas” del tamaño de una nuez, dejando espacio entre cada una.

8. Fase de horno: Se hornean durante 30 minutos (aunque creo que cada uno debe de ver qué tal se porta su horno). Los 5 primeros minutos el horno se queda cerrado, pero después se deja la puerta entreabierta hasta el final porque lo más importante de la masa choux es que se seque.

9. Una vez hayan pasado los 30 minutos, se apaga el horno, se abre la puerta y se sacan los choux a enfriar a temperatura ambiente.

10. ¡¡Ya se pueden rellenar!! Nosotros usamos nata montada. Lo normal es hacer agujeros en la base con la misma manga pastelera, pero no teníamos boquilla tan fina, así que hicimos el agujero con el mango de la cucharada de moka. Si se hacen dos agujeros, es incluso mejor, ya que el aire hace que la nata se pueda repartir mejor en el interior de los profiteroles.

Crema Pastelera y caramelo

Dejadme que le coja el punto primero ;-)

Viva la vainilla y contando un poco de todo

Viva ella, porque yo lo que soy es un desastre. Siento el silencio. Tenía tantas cosas que contar que a veces me pierdo organizando y pensando. Me paso la vida con millones de cosas que hacer y que querer hacer…

Ya he empezado el nuevo curso, con muchas ganas y todavía más ilusión que el curso anterior. Ya nos darán caña y contaré mis penas (y espero alegrías también) por aquí.

El otoño aquí ya es una realidad climática: la calefacción ya está en marcha. Hace fresquete y el viento empieza a ser levemente agresivo.

Me he apuntado al gimnasio. Y estoy yendo.

Estoy deseando que lleguen las navidades para ver Love Actually con mis hermanas en el sofá.

Se me dibuja una sonrisa en la boca de pensar cuando la semana antes de navidades llegue a casa y tenga comida calentita hecha por mi madre.

Mi primera amiga embarazada dará a luz en noviembre.

Las vainas de vainilla de la foto son del viaje a Lille, tan blanditas y aromáticas… y baratas jaja. Qué feliz soy con unas vainas de vainilla, hay que ver.

No he visto todavía la última media temporada de Breaking Bad. Me da miedo entrar en tuiter.

El final de Dexter me parece un despropósito.

Para rematar, me he enganchado a una serie franchute: Engranages. La BBC la compró. Buenísima.

Mi nivel de modernillismo sigue en auge… soy feliz viendo la serie en francés con subtítulos en inglés.

Sigo teniendo miedo del salto al vacío que di el año pasado. Sin embargo, parece que el miedo, el vacío y yo hemos aprendido a convivir.

He descubierto que, por algún motivo, mis compañeros de clase (al menos la mayoría) me guardan un cierto aprecio.

Hace poco sucedió algo que me afectó, una persona que conocía falleció. Nos despedimos de una forma especial que me ha marcado positivamente.

Vida y muerte. Cada vez más cerca. Me hago mayor de verdad.

2013 – 2014 será mi último curso de veinteañera. Tendré que disfrutarlo, digo yo.

Quería hacer una entrada de enlace entre las vacaciones de verano y el nuevo curso. De todas maneras, me gusta escribir de comida y todo un poco. Quizás sigo haciéndolo en próximas ocasiones.

En seguida me veis por aquí otra vez.

Vivan las brasseries

Cada día cambiando la pizarrita… Ay, qué cliché tan bonito, para ellos algo tan normal. A continuación nuestros platos, a ver si sois capaces de corresponderlos con el menú de la pizarra ;-)

El plato de Alguien. La salsa DELICIOSA. Se veía que era claramente casera, qué buena, de verdad.

El mío. Nunca sobra queso. Qué gusto ir a un país en el que entienden y disfrutan ese concepto. Disfruté cada tenedor.

La cerveza, muy buena. No soy una gran bebedora, pero todas las que nos pusieron allí me gustaron. Muy suaves, con sabor a cereal…

Y la GRAN decepción… Hicimos el esfuerzo para compartir el flan de la casa y NO SABÍA A NADA. Mon dieu! C’est incroyable!

Pero obviando este detallito, fue una comida muy decente.

En resumen, fue un fin de semana estupendo. Empezó y acabó en brasseries, fuimos con Guzmán, dimos paseos tranquilos, sin prisas ni agobios, visitamos pastelerías, hasta pude ir a un museo. Lo pasamos muy bien. Como decía un amigo, cuando sea abuelita recordaré ese fin de semana en Lille con Alguien de la mano y Guzmán a nuestro lado.

Vivan los mercados franceses

Cómo sabiendo que hay mercado no voy a ir. Nos quedamos encantados. La gente además de gritar (pero como parece que cantan con su idioma, queda mucho más elegante), sonríe, te dan las gracias y te dicen que tengas un buen día. Quizás en La Haya y Madrid también, pero nos dio mejor sensación en Francia, más de sentirnos agusto. Qué cosas.

Qué bonito es lo de viajar en coche y llevarte una bolsita (o varias) con cosas ricas a casa… Los rábanos y las cebollas estaban deliciosos, las judías amarillas no las he debido de hacer bien, además de que me pilló alguna muy fibrosa, era algo rara la textura :-(

Solo hice estas dos fotos en el mercado, de gelatinas saladas, que me encanta verlas… y comerlas. Nos llevamos una de las de abajo: un rollo de jamón york con paté por dentro y las rodajas de aguacate. Muy ricas. La de arriba la pienso hacer en casa. Imposible más fácil y en mi cabeza tengo la idea de cómo de debe ser su sabor.

Ya sólo queda una entrada más: la última comida en una brasserie ese fin de semana.

:-)