De sosa a deliciosa

Hola, voy poco a poco por aquí. Ni tengo prisa ni nadie que me la dé, afortunadamente.

Ya no me escuece decir esto, pero tardé 32 años en visitar Italia. Pero desde entonces no miro atrás. Me escoció un poco al coger los billetes a Roma la primera vez, pero una vez me planté ahí, me comí mi primer helado, vi la Fontana di Trevi, el coliseo y cené delicioso, se me olvidó la espera.

Total, Roma había esperado mucho más que yo para ser visitada por mí. Todas esas piedras de sus infinitas ruinas romanas, llevan una eternidad ahí plantadas para que no se olvide una parte de la historia.

Confieso que a mí las piedras me generan mucha indiferencia por norma general. Pero pasear por los alrededores del Foro romano al atardecer a principios de otoño, es una escena que se me grabó a fuego en la memoria a largo plazo. Y reviviría esa escena una y otra vez si pudiera.

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Me gustan las torrijas con fresas

Si pienso en las primeras torrijas que me emocionaron, esas fueron las torrijas que hacía la abuela de una vieja amiga. Durante varias semanas santas, mi amiga, su familia y yo, nos íbamos a la casita de piedra familiar que tenían en una aldea perdida de Castilla. Según salías del coche, olía a mierda de vaca, así, para empezar de forma adecuada la vida rural. Y luego, la casita me encantaba; tenía una puerta de las que se abren a la mitad, a modo de ventana, y como solo había lumbre en las salas comunes, te pelabas de frío por las noches. La cocina era muy antigua, con su chimenea incluida, y siempre solía haber leche cruda hirviendo en el fuego cuando llegábamos y pastas de los vecinos. Confieso que me arrepiento mucho de nunca haberme atrevido a probar la capa de nata que quedaba encima después de cocerla. Unos de los tíos de mi amiga la tomaban con azúcar, de postre, y siempre lo clasificaban como un gran manjar.

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Empezar donde lo dejé

Cuando finalmente encontré el momento de volver a hacer este bizcocho de té, recordé que era la última receta que había publicado antes de despedirme de este blog durante los últimos seis años. Cinco, si contamos con la entrada de despedida.

Hornear otra vez este bizcocho me pareció un guiño-patada-guiño-EMPUJÓN para que ya de de una vez retomase este espacio tan mío y que ya empezaba a echar de menos en el último par de años. Tenía ganas de volver a compartir lo que cocino, lo que hago, como hacía antes.

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El último pastel

baba_rhum

¿Sabéis qué es la intuición? Yo nunca creí en la mía, a pesar de lo fuerte que es.

Ahora la valoro mucho. Ya que, cuando hice este baba au rhum de naranja con trufa, Nadie lo probó. Me lo tuve que comer yo sola, y no porque estuviese malo. No hay nada más triste que cocinar un gran pastel y que no se aprecie o pruebe. Algo que te ha llevado tiempo, ilusión y ganas. Tanta inversión emocional que cuando ves que has invertido en falso, la caída es dura. Pero necesaria.

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Cake de té

Hay cosas que parece ser que solo me gustan a mí. Las alcachofas, el brocoli, las coles de bruselas, la coliflor, la calabaza, las aceitunas… el chocolate… y las frutas escarchadas. A ver, esto es el contexto de mi casa y familia. Alguien desmerece todos estos ingredientes. Mi madre es la única que no hace ascos a nada. Mi padre creo que se queda con el primero y los dos últimos y mis hermanas dudan.

Vamos, que el día que hice este bizcocho, me di cuenta de que me lo tendría que comer yo sola.

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